Rafael's profileEl Viajero Con-SentidoPhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    December 31

    Vuelta a casa

     
     

    Cada año por estas fechas, emprendo mi viaje más largo.

     

    No mas largo en extensión, (apenas una semana) ni tampoco en distancia, (no más de una hora y media en avión), sino largo en el sentido del trayecto que recorro en el tiempo hasta regresar al lugar donde nací y viví mi juventud varias décadas atrás.

     

    El lugar en cuestión se llama Haro y es un pueblo de apenas diez mil habitantes en La Rioja (España) que permanece prácticamente igual que estaba hace 25 años, sólo que con más cemento y menos encanto, un encanto que no se si lo tuvo alguna vez o se trata únicamente de los recuerdos de una niñez y una adolescencia muy feliz.

     

    Hacer coincidir mis memorias con la realidad es tarea difícil, por eso el regresar a mi pueblo es siempre una extraña experiencia.

     

    Alguien me saluda y me pregunta con la alegría del que reencuentra un viejo amigo por mi vida. No acabo de ubicarle, pero igual le cuento que estoy en Londres desde hace 13 años, que escribo, que viajo…y mientras le cuento, tratando todavía de recordar su nombre o de donde le conozco, observo en sus ojos que la emoción inicial del encuentro se desvanece, pues con cada palabra él se va dando cuenta de que nunca fuimos amigos, quizás conocidos tan solo, gente que en un pueblo pequeño frecuentaba los mismos lugares y a fuerza de verse acaban por saludarse por inercia.

     

    Nos despedimos con afecto pretendido sabiendo que en realidad esta es la primera conversación que hemos mantenido en nuestras vidas.

     

    Esta situación tan extraña me ocurre a menudo, quizás porque cuando vivía aquí jugaba en el equipo local de fútbol y mi cara les resulta vagamente familiar; me conocen pero no saben bien de donde y ante la duda mejor saludar.

    Yo por mi parte rastreo los bares que frecuentaba en busca de caras conocidas de antiguos amigos en vano, pues la mayoría de ellos, como yo, abandonaron el pueblo hace muchos años.

     

    Todo es lo mismo y sin embargo las sensaciones que me transmiten los lugares no  podrían ser mas diferentes: El parque donde me di el primer beso me parece ahora desolado; los bancos donde mis amigos y yo comíamos semillas de girasol viendo a las chicas pasar, abandonados; el río, que cada verano se convertía en escenario de ‘picnics’ a base de tortilla de patata y sandia fresca hoy me parece ajeno.

     

    Por eso cuando regreso a Haro por navidades me refugio en mi casa con mi familia, disfruto de los pimientos rellenos que prepara mi madre, juego al ‘veo-veo’ con mis sobrinos, rebusco en mis cajones fotografías antiguas, bailo salsa en el comedor de mi casa con mi hermana, y las únicas excursiones fuera de mi ‘castillo’ son al campo o a la montaña, lugares intactos en donde todavía la realidad coincide con mis recuerdos.

     

    ArbolesbosqueHorizontePastor en el campoPlaza de mi puebloNavidad iluminada

     

    December 17

    Parajes de hielo

      

     

    “Cada año hace menos frío y por eso la capa de hielo no es tan espesa como solía ser” me cuenta el hombre que atiende el café situado al borde del lago Balatón, el mayor lago de Europa, en el suroeste de Hungría.

     

     Todo es relativo, pues el no frío’ son 10 grados bajo cero y la capa menos espesa’ es de medio metro de hielo. Al parecer, este grosor no es suficiente para que se celebren las competiciones anuales de carreras (¿o se deberían llamar regatas?) de catamaranes sobre el hielo. Pare eso es necesario que la temperatura se mantenga por debajo de los 10 grados durante varios días y que el espesor del hielo aumente lo suficiente como para aguantar el peso de barcas y comperitores.

     

    Escucho lo que me cuenta el señor cuando de pronto observo una imagen con cierto aire surrealista. En medio del hielo, un señor con barba y gorro de lana empuja su cochecito de niño caminando por el hielo como si tal cosa.

     

    A falta de competiciones la superficie inmaculada y totalmente plana del lago se convierte en un lugar de paseo en donde los niños juegan, las parejas se pierden caminando de la mano por el horizonte, los ancianos estiran las piernas en largas caminatas, y los perros se deslizan en frenadas eternas tratando de alcanzar la pelota lanzada por sus dueños.

     

    Será la falta de costumbre, pero para mí la visión de un espacio tan vasto completamente helado, me parece absolutamente mágica. Para los habitantes de este país, me imagino que deslizarse en el hielo en invierno es tan habitual como lo es sumergirse en el mar en verano para un residente de la costa mediterránea.

     

    Por eso, en la capital Budapest, es muy habitual ver a gente caminando con sus patines al hombro en dirección a la pista del Parque Municipal.  

    En la entrada al recinto, un afilador pone a punto las cuchillas que minutos más tardes cercenaran el hielo cubriendo su lisa superficie de cicatrices.

     

    Cundo suena la sirena, los patinadores obedientes se retiran de la pista para dar paso a las maquinas reparadoras que con sus enormes cepillos circulares pulen, limpian y cierran las heridas del hielo con la misma destreza que una esteticien’ aplica sus cremas hidratantes a una piel ajada.

     

    Rejuvenecida y tersa la brillante explanada del hielo,  reaparecen de nuevo las hordas de patinadores con la urgencia de ser los primeros en dibujar nuevas líneas sobre la inmaculada superficie.

     

    Las caídas de bruces y las colisiones son la pequeña revancha que se toma el hielo sobre aquellos que se olvidan, que aunque helado, también tiene su corazoncito…

     

     

    Pista del Parque municipalLago balatón en inviernoSuperficie heladaPaseando al niñoCicatrizes en el hieloAnochecer en el hielo

     
    December 06

    Una ciudad de cine

     
     

    Hay sólo una ciudad en el mundo en la que uno no necesita haber estado para conocerla.

    Sus rascacielos forman parte de nuestro paisaje urbano y sus taxis amarillos nos son tan familiares como los taxis de nuestra propia ciudad.

    Me refiero, por supuesto, a  Nueva York.

     

    Al contrario que en otras ciudades, lo único que nos puede ocurrir es que nos decepcione el no encontrarnos con lo que esperamos: columnas de vapor saliendo del suelo del metro, una boca de agua reventada en medio del Bronxcon niños jugando a su alrededor o una persecución de coches por las calles de Manhatan.

     

    Eso es lo que tiene el ser una ciudad de cine, una urbe que durante los años y a través de miles de películas y telefilmes, ha vivido dentro de las pantallas de nuestros cines y televisiones y en el interior de nuestras memorias colectivas.

     

    Por eso, cuando desayuno un bagel tostado con queso cremoso y salmón en un  pequeño ‘dinner’ de Greenwich Village, en donde una camarera de expéditas maneras con una cafetera de cristal siempre en la mano, rellena constantemente tu taza de café americano (como no!) , me sorprendo a mi mismo mirando a la puerta esperando que en cualquier momento Woddy Allen entre en el local.

     

    Mientras me como un plato de ‘penne a la rabiatta en Little Italy , los dos tipos fornidos vestidos con trajes y llamativas corbatas de la mesa de al lado, comentan en voz baja seguramente los resultados del ultimo partido de los ‘Yankees’ pero yo, ya metido en la película,  escucho como planean deshacerse de ‘Mike tres dedos’ en el fondo del río Hudson por haberse ido de la lengua. Soy consciente de que todo es producto de mi fantasía y que los tipos seguramente son encantores padres de familia, de todas formas por si las moscas, pago y me voy  apresurado pero sin perder la calma no vaya ser que se den cuenta que estoy al tanto de sus macabros planes.

     

    En la  avenida de Madison, parado en frente de la catedral de San Patricio, espero un desfile de ‘San Patrick’ que no llega. No es de extrañar, pues hoy no es el día de ‘San Patrick’, pero en las películas que he visto, el desfile de San Patricio, con sus bandas de música,  majorets y miles de personas vestidas con el clásico color verde irlandés, era siempre el lugar perfecto en donde confundirse con la multitud y despistar a quien fuera que nos estuviera persiguiendo.

     

    Tampoco en China Town me recibe una cabeza gigante de dragón llevado en volandas por un grupo de chinos en zapatillas rojas mientras en la distancia se escucha el sonido de ‘gongs’ y tambores mezclado con el olor a pólvora de los fuegos artificiales.

     

    Cuando llego a la enorme pista de hielo de central Park adornada por las siluetas de los enormes rascacielos y observo las parejas deslizándose con sus patines cogidos de la mano.

    A mi espalda un cochero con chistera  pasea a unos enamorados acurrucados bajo una manta de cuadros en su carroza, me recuerda el día que también yo me enamore en New York de una bellísima mujer de sagaces ojos oscuros.

     

    Desafortunadamente, siempre existe la posibilidad de que ese enamorado que ‘desayuno con diamantes’ junto a Audrey Hepburn, no fuera yo, sino un actor de alguna película instalada en mi memoria…

     

     

    Años treinta en la quinta AvenidaDesde el puente de BrooklynEmpire State Building  y banderaEstatua de la libertadPatinando en Central ParkTimes Square por la noche

     

    November 28

    Deteniendo el tiempo

     
     

    En Skopje, la capital de Macedonia, el tiempo se detuvo a las 6 y cuarto un 26 de julio de 1963.

     

    Cada vez que un ciudadano de este lugar tiene que tomar el tren, en la pared de la antigua estación de ferrocarril un reloj detenido a esa precisa hora le recuerda que hace 36 años el tiempo se detuvo durante los 20 segundos que duro el terremoto que destruyo gran parte de la ciudad y acabo con la vida de miles de sus habitantes.

     

    En Macedonia no solo el reloj de la estación nos ancla en el pasado. La ciudad de Ohrid, construida en torno al lago más profundo de Europa y embellecida por algunos de los más pintorescos monasterios ortodoxos de los Balcanes, también nos empuja en el tiempo.

     

    Voy en busca de los monasterios y de pronto como por sorpresa al final de un camino flanqueado por pinos, se levanta la minúscula basílica de Sveti Jovan como si fuera una delicada bombonera de ladrillo.

     

    Como toda cajita de joyas que se precie, en su interior guarda tesoros en forma de frescos ortodoxos cubriendo las paredes: “Esto no es nada comparado con los frescos del monasterio de Treskavec”, me dice un señor con tantos kilos como devoción, “Y donde esta este lugar?” le pregunto. “En lo alto de la  montaña, a dos horas de camino, casi nadie se aventura hasta allí”. No hay nada más excitante para el viajero que tener la oportunidad de ver algo excepcional y apenas conocido. Mañana la montaña será mi destino.

     

    Después de dos horas de trecking entre rocas llego hasta al monasterio. Llamo a la puerta y nadie abre. Parece desierto. Insisto y cuando estoy a punto de darme por vencido, se escucha el ruido de cerrojos y cadenas al otro lado.

     

    Un hombre larguiducho con gafas de aumento y zapatillas de casa abre la puerta y me invita a pasar. En la cocina su mujer aparece con un delantal y un gorro de lana calzado hasta las cejas. Interpretando mi cara de sorpresa, el hombre me explica, en rudimentario ingles, que los monjes abandonaron el monasterio y ahora son ellos los encargados de cuidarlo.

     

    Felices de tener compañía, me invitan a comer con ellos. No se si es el hambre que traigo después de la caminata, pero los huevos revueltos con tocino y setas los recordaré como una de las comidas más deliciosas de mi vida.

    De la despensa y con una sonrisa pícara la mujer saca una botella de Fanta de dos litros y la abre con la misma excitación que si estuviera abriendo una botella de champán francés: “Es la ultima que tenemos, hasta dentro de dos meses no suben las mulas con las provisiones”. Me siento especial y brindo con mi vaso en alto. La ultima vez que brinde con Fanta tenía diez años y era mi cumpleaños.

     

    Por la noche me acuesto en una de las habitaciones de los monjes y me duermo escuchando el ruido del viento contra la ventana.

     

    Al día siguiente después de desayunar el hombre me lleva hasta la capilla. Una puerta de madera y otra de metal más tarde, me encuentro cara a cara con cientos de rostros que me miran fijamente desde la pared. Ensimismado, permanezco durante varios minutos admirando las abigarradas columnas, examinado la mirada adusta de los iconos y recreando las historias que como si fueran un comic del siglo XIII, me cuentan las paredes.

     

    No hace falta un terremoto para detener el tiempo.

     

    Tiempo detenidoFrescos de TreskavecMi habitacion de monjeMonasterio en la montañaBasílica deSveti JovanSveti Jovan en la noche

    November 18


    El antes y el despues


    Caras opuestas de una misma moneda: Una es el presente, con la especulación como bandera y el cemento como arma, la otra el pasado, con su ritmo lento y la naturaleza como única referencia.

    En pocos lugares del mundo es posible ver los efectos del turismo de masas y la especulación salvaje como en la isla de Chipre. Como si se tratase de uno de esos anuncios de dietas en las revistas donde se muestra un ‘Antes’ y un ‘Después’, generalmente a través de una fotografía manipulada para acentuar el efecto, la frontera que divide la isla marca no solo la división territorial, sino también la división entre lo que fue y lo que es.

    Lo malo es que en este caso, al contrario que en las revistas, el ‘después’ es mucho peor que el ‘antes’ y lo que fue una deliciosa isla mediterránea de abundante vegetación y playas vírgenes es hoy un homenaje al mal gusto, a las construcciones baratas en primera línea de playa al turismo de masas.
    Bienvenidos al sur de Chipre, segundo hogar de hordas de ingleses de bajo presupuesto, cuna gastronomica de los “fish and chips”, capital de la borrachera. Todo un ejemplo del efecto destructivo del turismo salvaje.

    Camino por la calle principal de la capital Nicosia y al final de la calle me topo con la frontera que divide la capital de Chipre en dos . La cruzo a pie, sin mayores problemas y me encuentro en la parte de la ciudad en manos turcas .

    Estoy en el ‘antes’. Apenas hay turistas, los habitantes de la ciudad se ocupan de sus negocios tradicionales, como siempre lo han hecho y en la noche los cafés y restaurantes se llenan de gente normal capaces de disfrutar de una cerveza sin necesidad de perder la consciencia.

    Desafortunadamente y como me doy cuenta cuando conduzco por las carreteras rumbo al norte de la isla, el futuro  de esta parte de la isla se encamina hacia el presente del otro lado. En el horizonte, los esqueletos de futuros edificios de cemento empiezan a surgir a lo largo de la costa.
    La única razón por la que la parte Turco chipriota no se ha echado a perder antes es por su condición de estado no reconocido (Únicamente por Turquía) y por tanto no es percibido como un lugar seguro para las inversiones extranjeras. Tarde o temprano el conflicto se resolverá y ese día, empresas constructoras se lanzaran como pirañas a repartirse el botín de un territorio aun por explotar.

    Ligeramente deprimido por esta idea, me escapo a la punta más al norte de la isla, a la península de Karpas a un lugar en donde ver la isla tal y como era 50 años atrás.
    Desde lo alto del castillo de Kantara observo el horizonte limpio de edificios.

    En el camino una manada de burros salvajes me obligan a detener el coche y esperar que atraviesen la carretera. Con un potente rebuzno uno de ellos deja claro quienes son los dueños de este territorio.

    En la playa casi desierta de ‘Golden Beach’ unos cartelitos indican donde se encuentran los huevos de tortugas gigantes que cada año se acercan hasta aquí a desovar.

    Aquí no hay mastodonticos hoteles, sólo cabañas de madera y pequeñas construcciones de una altura. Frente al mar, me alojo en una de las cuatro habitaciones de un minúsculo hotel familiar . A las 11 de la noche se apaga el generador de electricidad y en la total oscuridad el cielo se ilumina con miles de estrellas.

    En el otro lado, en la parte sur de la isla, son las luces de los clubs, los carteles de neon de los restaurantes y los lasers de las discotecas los que iluminan la noche y opacan a las estrellas.

    Entre el ‘antes’ y el ‘después’ yo se con cual me quedo…


    November 12

    Una ciudad fantasma

     
     IMG_4924
     

    Enormes edificios de cemento abandonados, carreteras por las que nadie circula, playas en las que nadie toma el sol, alambre de espino y barricadas circundando una ciudad que no existe en medio de un país dividido.

     

    Varosha, en la isla de Chipre es el símbolo de un conflicto que dividió la isla en dos territorios hasta hoy irreconciliables. Al sur, La Republica de Chipre, habitada por los greco-chipriotas y al norte la Republica Turca del Norte de Chipre, en manos de los turco-chipriotas.

     

    Lo que fuera en los años 70 uno de los más populares centros vacacionales de Chipre, se convirtió, de la noche a la mañana, en una ciudad fantasma, cuando sus habitantes de origen griego, se vieron forzados abandonarla a toda prisa ante la llegada del ejército turco.

     

    Han pasado 34 anos desde el día en que Varosha se convirtió en un bosque de cemento sin habitantes. Declarada zona de exclusión cuando se firmó el alto el fuego entre Grecia y Turquía en 1974, Varosha quedó bajo la jurisdicción de las Naciones Unidas, aunque en la práctica permaneció controlada por el ejercito turco.

     

    Desde la playa de Famagusta y con la cámara escondida desafío los carteles de ‘Prohibido hacer fotos. Zona militar” y aprovechando que el centinela apostado en las barricadas esta distraído, tomo un par de fotos de la ciudad a lo lejos.

     

     No puedo apartar la vista de los grandes edificios de cemento que a lo largo de la costa se levantan hoy como esqueletos que se van consumiendo con los años. Parece imposible imaginar que en los anos setenta, Varosha fuera una prospera ciudad de mas de 30.000 habitantes con sus entonces modernos hoteles frente al mar siempre repletos y sus playas atestadas de sombrillas, chiringuitos, toallas y miles de turistas bronceando sus cuerpos bajo el implacable sol.

     

    Cuentan que los que entraron en la ciudad años después de que quedara abandonada, encontraron luces todavía encendidas, escaparates con maniquíes vestidos con ropas de los anos setenta, y automóviles de marcas y modelos desaparecidos en el resto del mundo, aparcados aún en la calle.

     

    Si fuera posible pasear por sus calles hoy y entrar en alguno de los apartamentos cerrados a cal y canto desde hace 34 años, sería como entrar en una cápsula del tiempo.

     Me imagino las formas redondeadas de los muebles de plástico, las paredes cubiertas con papel pintado de colores sicodélicos, y quizás una foto de una pareja sonriente mirando a la cámara a través de sus enormes gafas de sol. Que habrá sido de ellos? me pregunto Estarán vivos? Quizás, en algún lugar del mundo ellos estén mirando una fotografía similar recordando ese momento seguramente percibido como feliz, aunque sólo fuera por la alegría de ser 34 años más joven .

     

    A la espera de una solución que no llega entre el gobierno Griego y Turco, Varosha se va sumiendo en el abandono con cada año que pasa. Muchos edificios castigados por el clima y la dejadez están a punto de derrumbarse mientras que otros ya son sólo escombros.

     

    Hoy las ratas los gatos y las culebras son los únicos que respiran en esta ciudad sin vida, mientras que en pisos cerrados los retratos de los que allí vivieron van perdiendo su color hasta convertirse en imágenes diluidas, casi sepias, del color del olvido.

     

    Barricadas en la fronteraVarosha, ciudad fantasma, al fondoEdificios abandonados frente a la playaTomando fotos Niña viviendo en la frontera

     

    November 04

    Vocación marinera


    No ocurre a menudo. Pero cuando pasa lo mejor es mirar alrededor con los ojos bien abiertos, disfrutar el momento y dejarse sorprender. Me estoy refiriendo a esa inusual sensación de llegar a un lugar detenido en el tiempo.

    Perast, en Montenegro, es uno de esos lugares. Esta pequeño pueblo marinero con la montaña a sus espaldas y el mar en frente, tuvo desde su origen muy claro que lo suyo era el agua salada. Refugio de corsarios primero y hogar de ilustres navegantes después, Perast vivió sus quince minutos de fama, que diría Andy Warhold, cuando en el siglo XVI se convirtió de la  noche a la mañana en una república de la todo poderosa Venecia.

    En su mayor época de esplendor, alrededor del siglo XVIII, se construyeron palacios barrocos, museos, iglesias y edificios nobles, pero tan pronto como Venecia perdió su papel preponderante en el mediterráneo, Perast se fue apagando , su población emigro y la ciudad se sumergió en un silencio del que aún no ha salido.

    Camino por las callejuelas de adoquín antiguo entre palacios cerrados a cal y canto con escudos de armas desafiantes en sus puertas, mientras que las campanas de la iglesia repican sin energía desde el campanario de estilo veneciano.

    Varios ancianos caminan despacio desgastando sus suelas en los adoquines mientras se dirigen a la iglesia. Son algunos de los sólo 360 habitantes que aún quedan aquí. Desafortunadamente, no hay nadie lo suficientemente viejo para recordar el ilustre pasado de la ciudad , sólo el Museo marítimo con sus escafandras, timones y antiguos mapas náuticos nos da algunas pistas sobre una vocación perdida en el tiempo.

    En la bahía a pocos metros del puerto, dos islas diminutas islas parecen navegar en la distancia. Una de ellas , la isla de San jorge, apenas puede contener en su perímetro un monasterio rodeado por cipreses. La otra, Nuestra Señora de la roca, es tan extraña como la misma historia de Perast.

     Creada de forma artificial sobre restos de naufragios y cimentada a base de arrojar rocas durante un periodo de 550 años, es un testimonio de cómo los marineros de Perast fueron capaces de robarle terreno al mismo mar.

    Cae la noche y decido que me gustaría quedarme disfrutando del silencio e imaginando historias de lobos de mar.
    Una señora me dice que aquí no hay hoteles ni pensiones en donde alojarse.

    Sonrio y me alegro de que así sea. Superando la hazaña de los marineros de antaño, hoy los habitantes de Perast han conseguido robarle terreno al progreso.



    October 27

    Montenegro



    Montenegro, con menos de 700.000 habitantes es tan pequeño que hasta el pasado año no era ni siquiera un país, tan sólo una república que unida con Serbia constituía la federación  de Serbia y Montenegro. Tras el referéndum de mayo del 2006 los montenegrinos decidieron mirar al futuro por si solos, como país independiente.

    Mas que a la Serbia de tierra adentro, su vocación marinera es similar a la de su vecino Croacia, con el que comparte sus costas y el mirador afortunado de uno de los mares más transparentes del planeta: El Adriático.

    En Montenegro uno nunca se plantea esa disquisición vacacional habitual de Playa o montaña. Aquí no hay elección :son las dos y punto. Las carreteras de una playa a otra a lo largo de la costa suben y bajan, se retuercen abrazando la cintura de impresionantes montañas de piedra negra que le dan el nombre al país.

    Si delante suyo circula un viejo camión,  como parece ser siempre el caso, no se desespere, las vistas compensan de sobra la lentitud del trafico: la ciudad amurallada de Budva, las playas doradas de Petrovac y quizás la imagen más emblemática de Montenegro; la minúscula península de Sveti Stefan, una villa de piedra de pescadores convertida en los años 60 en un complejo hotelero de lujo en donde Sofía Loren y Doris Day, entre otras estrellas, broncearon sus cuerpos en sus idílicas terrazas.

    Sin duda, uno de las joyas de Montenegro es la ciudad de Kotor. Con un nombre y unas fortificaciones que bien podrían haber sido sacadas de la ultima entrega de ‘El señor de los anillos’, Kotor es una ciudad impresionante por sus cuatro costados. Una muralla de 10 metros de ancho y 20 de alto protege las casas, iglesias y palacios de la antigua ciudad en donde el ladrillo es un insulto y sólo la piedra noble tiene lugar.

    Como no podía ser de otro modo , la ciudad esta situada entre el mar y la montaña. Paredes escarpadas fijan el limite de la ciudad pero no de la muralla que continua su recorrido vertical hasta alcanzar los 200 metros coronando la cima de la montaña. Dos cosas son necesarias para llegar hasta allí : buenas piernas y tiempo de sobra. Tiempo no sólo para realizar el trecking, sino para ,una vez arriba, deleitarse en una de las vistas más espectaculares de Montenegro: La bahía de Kotor, el fiordo más septentrional de Europa.
    De vuelta en la ciudad vieja, un buen plato de 'cevachi', especialidad típica de carne sazonada, me devuelve la energía perdida en la escalada.

    En la noche, Kotor se olvida de su pasado y se abre a la modernidad con una amplia oferta de bares, terrazas y clubes en donde la juventud montenegrina consume cerveza y cócteles sin dejar de mirarse y admirarse los unos a los otros.

    Durante el fin de semana, las estrechas calles de piedra hacen reverberar los últimos éxitos de las listas nacionales con el inconfundible y a veces insufrible sonido del Turbo-folk, una mezcla de tecno y música Folclórica Serbia, hasta altas horas de la madrugada.
    La elección es sencilla: o bien elijo un hotel alejado del centro en donde poder dormir sin ruido o bien me uno a la fiesta.

    Serie un pecado viajar hasta aquí para irse a dormir, no crees?



    October 20

    El lenguaje de las piedras

    Pista de aterrizaje para ovnis?? 
     

    Samaipata es un pequeño pueblo del departamento de Santa Cruz en Bolivia. Las calles de piso de cemento alrededor de la plaza central van dando paso primero a los caminos empedrados y a las pistas de tierra después.

    Estoy a la relativamente moderada altura (Para Bolivia) de 1600 metros y el aire es frió y seco.

     

    Sólo hace falta mirar alrededor para darme cuenta de que este no es el típico pueblo de la campiña boliviana: Mochileros gringos caminan por la plaza central con su guía ‘Lonely Planet’ bajo el brazo, hippies de pantalones multicolores y pulseras de cuero beben té de coca en alguno de los pequeños cafés de la plaza mientras que otros gringos, más maduros y que han hecho de Samaipata su casa, me invitan a probar la comida vegetariana y orgánica de sus restaurantes.

     

    Los niños, que con sus mochilas a la espalda caminan en dirección a la escuelita, están tan acostumbrados a ver extranjeros excéntricos en su pueblo que apenas notan su presencia.

     

    La razón de esta afluencia de mochileros, hippies y místicos hasta este lugar se encuentra a diez kilómetros de Samaipata, en las montañas cercanas en donde en medio de un paraje idílico de frondosa vegetación se levanta ‘El fuerte’, el conjunto  arqueológico  pre-incaico más importante de las Américas.

     

    Después de una larga ascensión y casi por sorpresa, aparece esta espectacular explanada de piedra de más de 100 metros de longitud cubierta de dibujos geométricos, jeroglíficos indescifrables, canales, pozos, nichos y esculturas zoomórficas.

     Una vez asimilado el efecto de esta aparición, me llama la atención la paz del lugar sin apenas visitantes y afortunadamente sin ningún puesto de souvenires ni refrescos a la vista.

     

    Desde el observatorio, bajo a la plataforma y camino entre las esculturas horadadas en la roca. Durante años científicos e historiadores han elaborado exhaustivos estudios tratando de descifrar las pistas grabadas en la piedra y especulando sobre las funciones de este lugar.

     

     Las teorías van desde aquellas que lo identifican como un centro ceremonial, hasta las que aseguran que era un lugar de trabajo en donde se lavaba el oro (De ahí la existencia de canales y pozos) pasando por la teoría favorita de muchos de los amantes del mundo paranormal que me encontré en el pueblo, que aseguran que esta explanada era una pista de aterrizaje y despegue utilizada por las naves extraterrestres.

     

    Teorías aparte, es innegable la energía que transmite este lugar. Alentados por la calma, me vinieron a la cabeza recuerdos de un atardecer que pase en las ruinas de Uxmal, en el Yucatán justo antes de que cerraran al público, cuando casi todos los visitantes se habían ido.

     

    Durante un buen rato permanecí sentado en una de estas fascinantes construcciones Mayas  pensando en mundos que dejaron de existir hace cientos de años y en las memorias conservadas aún en estas piedras.

    Solo el vigilante con un muy real “Haga el favor de salir, tenemos que cerrar!” consiguió sacarme de mi momento de meditación.

     

    Por un momento y mientras disfrutaba de la soledad en la inmensidad de superficie rocosa de ‘El fuerte, sentí que estas piedras me hablaban en aquel mismo lenguaje.

       
       
    Ajeno a los turistas'El Fuerte' visto desde el observatorioEsculturas en la rocaLa llegada de los gringosNiños de Samaipata
    October 13

    Diseño sueco

     

    Antes de que el otoño se nos escurra por los dedos y el invierno se instale con toda su crudeza y el país sea envuelto en una semi oscuridad durante meses, me escapo a Suecia buscando en su capital Estocolmo la magia de una ciudad de cuento que con su luz tenue y su aire fresco dilata los pulmones y alimenta la imaginación.

    Situada sobre 14 islas en el lugar en donde el lago Malaren se abre al mar Báltico, Estocolmo es una verdadera ciudad con vistas. Desde cualquier punto de donde se mire es espectacular con la naturaleza y la arquitectura compitiendo por nuestra atención.

    Tan limpio como el aire son las calles en esta ciudad en donde parece no haber espacio para la basura en los rincones, los espacios públicos desatendidos, las paredes cubiertas de graffiti, los mendigos durmiendo en las aceras. En esta nación la obsesión por el orden y el diseño de líneas diáfanas hace de los espacios públicos verdaderos catálogos de Ikea.

    Gente bella se pasea por las calles empedradas entre edificios puntiagudos perfectamente restaurados a menudo cargadas con bolsas de diseñadores rumbo a alguno de los bares de moda o cafeterías donde sentados en confortables sillones en las terrazas calentadas por estufas ven pasar a otra gente tan rubia, de ojos tan azules, tan moderna y tan bella como ellas mismas mientras se toman un chocolate caliente con crema.

    Ni tan bello ni tan rubio me siento también a observar y el atento camarero me ofrece un edredón de plumas para que me lo ponga sobre las piernas a donde el calor de la estufa no alcanza. Mas efectivo que el edredón para subir la temperatura corporal es la cuenta. Incluso para alguien como yo que vive en Londres una de las ciudades mas caras del mundo, los precios son sorprendentes.

    Grupos de adolescentes como salidos de revistas de moda se preparan para recibir la noche en alguno de los locales con djs de Londres o Nueva York. Madres modernas pasean a sus hijos en bicicleta por el carril dedicado a estos vehículos que atraviesa toda la ciudad. Intelectuales con gafas de pasta oscura charlan con artistas jóvenes en la cafetería del museo de arte moderno.

    Abrumado por tanta perfección busco refugio en un bar español con la esperanza de encontrar alivio en el desorden.

    Tan pronto como veo que hasta las tapas de jamón son de diseño, se que no hay escapatoria.

    October 05

    San sebastián de cine

     
     

    No hace falta excusas para visitar San Sebastián en el País Vasco; sus playas, arquitectura, su comida son suficientes razones para no perderse esta joya en el norte de España.

     

    Sin embargo cada año, a finales de septiembre, la ciudad desempolva la alfombra roja,  enciende los focos y se viste de gala por diez días durante su flamante festival de cine.

    Hoy en día los festivales de cine son como los hongos y parecen crecer en cualquier parte y con la misma velocidad.

     

    No hay capital que se precie que no tenga su festival pero como en todo, aun hay clases. Y el festival de Donosti (como se conoce San Sebastián por su nombre en vasco) es definitivamente de clase alta o mejor dicho de clase ‘A’, que es la categoría otorgada a aquellos festivales competitivos que presentan películas inéditas a concurso. En Europa, solo Cannes, Berlín y Venecia comparten este honor junto con San Sebastián.

     

    Aclarado la teoría, me lanzo a la práctica para explicar las razones por las que cada año hago un hueco en mi calendario en septiembre para alternar la butaca del cine,  a una media de dos o tres películas diarias, con las zambullidas en el mar cantábrico bien en compañía de surferos en la playa de Gros o codeándome con la gente fresa en la playa de la Concha.

    Por cierto, esta playa da nombre a los galardones del festival y nunca deja de despertar una sonrisa entre el numeroso contingente de cineastas argentinos cuando la actriz ganadora recibe la sugestiva distinción de ‘concha de plata’.

     

    Bromas del Cono sur aparte, lo mejor de San Sebastián durante el festival de cine es que si bien la ciudad lo recibe con los brazos abiertos, no se entrega y sigue manteniendo su ritmo sosegado, sin alterarse, como si el festival fuera un amante maravilloso que la hace feliz por unos días pero siendo consciente de que su presencia no le es indispensable para sentirse atractiva cuando se aleja.

     

    Así, en este entorno tranquilo, Woddy Allen pasea con su familia, Richard Gere se toma unas cervezas acompañadas con los pintxos (Así se llaman a las tapas en el norte de España) más exquisitos del mundo, Charlize Theron se deja seducir por la cocina vasca en alguno de los muchos restaurantes de lujo, o Willem Dafoe se pierde hasta altas horas de la madrugada en las discotecas con vistas a la playa.

     

    Acostumbrados a las cámaras incesantes de los paparazzi, y al asalto de los caza- autógrafos en otros festivales, aquí tienen esa rara oportunidad de ser normales y perderse entre la gente y a cambio nos da la oportunidad a nosotros de observar e incluso intercambiar unas palabras con ese director que admiramos o ver de cerca ese actor o actriz con la que sonamos.

     

    Por eso cada ano regreso con la vana esperanza de que la rubia que pide fuego en un bar con un seductor movimiento de  su mano sea Cameron Díaz…y yo sea el tipo sentado al lado suyo con un mechero.

    September 27

    Postal de India

     

    Uno puede visitar India pero conocerla, lo que se dice conocerla, es privilegio de unos pocos. No me refiero a los más de mil doscientos millones de indios que viven en ellas (la mayoría  no tienen la oportunidad de conocer más allá de su propia ciudad) sino a los afortunados que pasan varios meses, e incluso años, recorriéndola desde el Punjab en el norte hasta Kerala en el sur y de Bombay en el oeste a Calcuta en el este.  

     De todas maneras, poner el pie en este fascinante país aunque sea por un tiempo limitado, es entrar en un mundo en donde nuestros cinco sentidos tienen que trabajar al límite para poder entender la invasión de colores estridentes, olores potentes, sabores picantes, sonidos ensordecedores y exuberantes texturas.  

     Las grandes avenidas y flamantes edificios de Nueva Delhi recuerdan el pasado colonial de esta metrópoli joya de la corona inglesa. Las ciudades miseria con sus chabolas de latón y madera que surgen en cada esquina, a menudo a la sombra de un hotel de lujo, es el resultado de una sociedad sobre poblada de profundas divisiones sociales y brutales contrastes.  

    Dejo la ciudad y busco la paz momentánea en el que para mí es uno de los edificios más bellos del mundo: El Taj Mahal. Si, es cierto que las hordas de turistas hacen lo posible por arruinar la experiencia pero el mármol blanquísimo de esta joya arquitectónica puede más que el griterío de los visitantes. Después de verlo de cerca decido tomar distancia y me alejo varios kilómetros en autobús hasta la otra orilla del río Yamuna para admirarlo de lejos y en silencio.  

    Al fondo, como si fuera una aparición, se levanta misterioso, altivo y sobre todo romántico. Al fin y al cabo fue construido como un monumento al amor, un mausoleo erigido por el príncipe mogol Shah Yahan en memoria de su amada esposa Muntaz Mahal.  

    En la ciudad de Jaipur visito a Radha, una amiga India que conocí en Londres. Me sorprendo al verla vestida con el tradicional Shari acostumbrado como estaba a verla en Londres con sus jeans y tops ajustados:”Mi familia es muy religiosa, la verdad es que lo hago por ellos” me cuenta.  

    Caminamos hasta el mercado y no puedo de dejar de mirar a mí alrededor sorprendido por la variedad humana que se cruza en mi camino. Un mendigo de ojos penetrantes pide unas monedas. Se las doy a cambio de una foto. Cuando días mas tarde veo la foto ya no veo un mendigo, veo un príncipe.  

    Es hora de volver a Delhi y Radha me ofrece llevarme en coche a la estación de tren en un corto viaje que jamás olvidare. Un giro equivocado y tomamos la calle que no es. Mi tren es en diez minutos y Radha se empieza a poner nerviosa.  Pisa el acelerador y a través de calles plagadas de camiones, coches, rickshaws, motos, bicicletas y peatones conduce como una poseída:”De verdad, no importa, si lo pierdo tomo el tren mañana” le digo aferrado al sillón delantero. Radha no escucha; esta demasiado ocupada haciendo eslalon y tocando el claxon entre miradas ofuscadas de los otros conductores.  

    Doblamos la esquina, “CUIDADO!” grito. Frenazo monumental chirrido de ruedas y la cara impasible de una vaca a pocos centímetros de nuestro parabrisas:”VACA DE MIERDA!”Grita Radha. Toda una blasfemia en un país en donde las vacas son sagradas.  

    Llegamos a la estación. Miro a Radha sonriente, miro  a mí alrededor, la luz, el bullicio. El tren esta a punto de partir y cuando suena el silbato que anuncia su salida soy feliz, pues me doy cuenta de que llegué justo a tiempo de perderlo.

     

    September 19

    turismo santo

     

     

    Recientemente apareció en los medios de comunicación el anuncio de un nuevo servicio de vuelos charter  a los principales destinos de peregrinaje católico en el mundo: Lourdes, Fátima, Santiago de Compostela y Jerusalén

    La línea aérea bautizada Air Vaticano, contara con aviones boeing 737 adornados con logos religiosos y azafatas a bordo con una estricta formación religiosa.

     

    Un destino no incluido en la lista es Medjugorie, en Bosnia-Herzegovina, a pesar de que cada año millones de personas lo visitan para ver con sus propios ojos el lugar en donde en 1983 la Virgen se apareció a un grupo de jóvenes. La razón de su no inclusión es la negativa del Vaticano a reconocer la aparición de la Virgen por no ser lo suficientemente verificable (Como se verifica una aparición?).

     

    A pesar de no estar en la lista, Medjugorie ha pasado de ser un pequeño pueblo sin mayor importancia a convertirse en uno de los centros económicos de la región y principal destino turístico en Bosnia-Herzegovina.

    Visitando este lugar de peregrinaje, me viene a la cabeza el dicho popular “Se le apareció la virgen” usado fuera del contexto religioso para describir una situación de suerte y fortuna.

    Eso es exactamente lo que le ocurrió a esta ciudad.

     

    La calle principal es un escaparate de souvenires, en donde cualquier objeto religioso imaginable, y alguno que otro inimaginable, están a la venta: Casullas de sacerdote, vírgenes de tamaño natural, lapiceros, frascos y espejos con la imagen de la virgen grabada, rosarios , camisetas, compiten por la atención de los turistas que llegan en autobuses, la mayoría en viajes organizados, deseosos de llevarse un souvenir de tan bendito lugar.

     

    Los grandes anuncios y los letreros luminosos de las tiendas de nombres tales como 'Santa Maria', 'Sagrado corazón', 'Madre divina' nos invitan a gastar religiosamente nuestro dinero con la promesa de aire acondicionado en su interior.

     

    Para conmemorar la aparición, una iglesia construida en una gran explanada ofrece una amplia gama de servicios religiosos a través del sistema de megafonía en docenas de idiomas .

     

    Mas allá, en medio de un páramo cubierto de viñedos, se levanta una majestuosa escultura metálica de Cristo crucificado.

    Varias personas que llegaron hasta aquí por su cuenta, rezan en silencio a su alrededor mientras que un monje admira la estatua hipnotizado.

     

    Un grito de “Por aquí, el Cristo es por aquí. Todos juntos, sin separarse” y banderita del guía en alto indicando el camino, seguida de varios cientos de turistas, me dice que el recogimiento llegó a su fin.

     

    Los pocos que disfrutaron de un breve momento de contemplación se alejan despacio esbozando una leve sonrisa y cara de sincera felicidad.

     

    Me pregunto cuantos de los millones de peregrinos que vienen aquí empujados por la fe se llevan tan sólo un llavero.

      

    September 10

    Las tripas de la tierra

     

    Cuando el 4 de septiembre el volcán Etna comenzaba su mayor erupción en los cinco últimos años y las explosiones de fuego y lava iluminaban la noche, desafortunadamente yo estaba en el volcán equivocado…a cuatrocientos metros de altura, en el volcán Stromboli observando "La Sciara del fuoco", la ladera por la cual cuando hay erupciones, la lava se desliza hasta el mar , recibí un mensaje en mi movil de un amigo que decía "Has visto la erupción del Etna...?", como decia antes, un claro ejemplo de estar en el momento justo pero en el lugar equivocado.

    Con o sin erupciones los volcanes son espectáculos fascinantes, entre otras cosas porque son una puerta a las entrañas de la tierra, una mirada a las tripas de nuestro planeta, que en momentos de indigestión se retuercen, braman lanzando al aire rocas incandescentes y dejando escapar nubes de gases y rios de lava.

    Stromboli es, con sólo 40.000 años de edad , todo un bebe en terminos geológicos y su tierna edad hace que sea uno de los pocos volcanes en el el mundo que registra actividad constante. En la distancia, cuando uno se aproxima por mar, aparece en el horizonte como un dibujo de alumno de primaria: perfectamente cónico y con una fina nube de humo saliendo de su crater.

    Antes de caer la noche y con tiempo justo para observar el atardecer desde la cima a 900 metros de altura, parten los grupos con linternas y botas de trecking para ver las explosiones que con intervalos de 27 minutos se producen cada día."Esta vez esta muy tranquilo" me cuenta Sandra, una italiana que repite la experiencia."En Mayo del pasado año fue espectacular con lava cayendo al mar y explosiones constantes" asegura ligeramente decepcionada por el tímido comportamiento del volcán esta vez.

    Mi fascinación por los volcanes crece cada día que permanezco en las islas Aeloias, todas ellas nacidas de la furia de estos fenómenos naturales. Voy en busca del siguiente, de cuyo nombre surgió el nombre genérico de todos los demás: Vulcano.

    En la Antiguedad Vulcano era el temido dios del fuego y la Guerra y cuando uno camina por el borde de su inmenso crater es fácil entender como, según su mitología popular, este gigantesco agujero era la puerta del infierno.

    Hendiduras en las laderas dejan escapar gases sulfurosos que tinen las rocas de amarillo y amenazan seriamente los pulmones de los incoscientes que, como yo osan acercarse demasiado. Estos gases además de muy calientes son tóxicos y su efecto en la garganta y en las fosas nasales es inmediato. Me tapo la boca y la nariz con un pañuelo, me hago una foto y me alejo lo mas pronto que puedo.

    Una vez abajo del volcán , la mejor forma de reponerse de la caminata es con un baño de lodo natural que emana de las proximidades del volcán. El olor a sulfuro no es muy diferente al olor a huevos podridos, pero al menos su efecto sobre el organismo es más beneficioso. Relajado, aplicandome este milagroso barro por el cuerpo, retozo como hipopotamo en charca en esta inmensa bañera natural.

    De este fascinante lugar me llevo memorias que viajaran conmigo siempre…lo único que espero es que este potente olor a azufre inpregnado en mi piel me abondone pronto, porque si no, me temo que en el trayecto de vuelta , las únicas que se atreveran a viajar a mi lado serán mis memorias…

     

     

     

     

     

    September 02

    El final del verano

     
     

    Se acabo agosto.

    De mi juventud en Espana conservo la sensacion de que el final de agosto y por tanto del verano marcaba el final de la alegria, de las aventuras romanticas, de las salidas hasta altas horas de la madrugada, de los dias de sol y los chapuzones en la piscina publica y en el rio de mi pueblo.


    Con el primero de septiembre el espectro del otono, la vuelta al colegio, los dias mas cortos , y el frio acechaban detras de la esquina.


    Londres no sufre de este depression "post-verano" (Entre otras cosas porque uno a penas se entera de que llego..!) pero a pesar de haber vivido en esta ciudad 13 anos aun me quedan resquicios en mi memoria de ese sindrome.


    Afortunadamente ya no tengo que ir al colegio y en un desafio a las estaciones este ano, decidi prolongar la illusion del verano buscandolo de isla en isla.


    Estoy a 30 grados bajo un sol implacable en las islas Eolias en pleno mar Tirreno, a pocos kilometros de Sicilia. Siete islas en donde enganarme a mi mismo exprimiendo el sol y abusando de las aguas verdes que las separan.


    Durante dos semanas mas cambiare el metro de Londres por los aliscafos como medio de transporte y paseare por playas de tierra negra, guigarros, y fina arena en lugar de asfalto.


    En Lipari una inmensa cantera de piedra pomez corta la montana y se adentra en el mar.Por sus blanquisimas laderas se deslizan los jovenes descalzos y se zambullen en el agua la tiempo que se liman las durezas de los pies con cada descenso.


    En Vulcano se tuestan los cuerpos en las arenas negras de sus playas a la sombra de un volcan humeante los viajeros que como yo se aferran al verano.


    En Panarea con tubo y gafas busco la panacea en sus ricos fondos marinos y pienso mientras aleteo entre plantas marinas, algas y peces de ojos como botones que quizas ellos si esten deseando que acabe el verano, que vayan los turistas a sus paises de origen y que los dejen tranquilos…


    No les culpo... pero ellos no saben lo duro que es el otono ahi fuera…!


    August 27

    Carnaval en Londres

     
     

    Me retrase esta semana con mi blog, pero tengo una buena excusa.

    De hecho es una de las mejores excusas que se pueden tener en Londres para dejarlo todo y apuntarse a la mayor fiesta callejera de Europa: El carnaval de Notting Hill.

     

    Si leéis estas líneas el lunes, estaré de nuevo allí como estuve este domingo, junto con otro millón de almas, que durante dos días se dejan llevar por el sonido del calipso, la soca, el reggae en este pintoresco barrio del oeste de Londres. Por más que le duela a Hugh Grant y Julia Roberts y el resto de sus amigos fresas de la película Notting Hill, esta zona es el verdadero corazón de la cultura caribeña en Inglaterra.

     

    A pesar de que también hay grupos de danzantes desfilando con mucha pluma y lentejuelas y poca ropa al ritmo de bandas de tambores, este carnaval no es un carnaval en el sentido que normalmente asociamos con esta palabra. La gente, a excepción de los que participan en el desfile, no se disfrazan y a decir verdad, las carrozas son en general más bien pobres y totalmente amater. Si uno viene aquí esperando encontrar algo remotamente similar a los carnavales de Brasil, se va a ir decepcionado.

     

    La fuerza de este carnaval esta en las calles repletas de personas que se mueven de un lado a otro buscando los ‘Sounds Systems’, enormes traileres con docenas de altavoces gigantescos que retumban en cada esquina. Rap, Hip hop, regatón, compiten en decibelios con música electrónica, ‘Dance’, ‘Garage’, ‘Drum and base’, ‘Jungle’ y demás ritmos de moda.

     

    En cada calle se forman ‘Raves’ multitudinarias en las que las que gente de cualquier color y de cualquier edad armados del casi obligatorio silbato colgado al cuello con la cinta de color negro, verde y amarillo, símbolo de los rastafaris, saltan y corean los himnos del carnaval.

     

    Entre baile y baile una visita a uno de los cientos puestos de comida caribeña para reponer fuerzas con un pollo sazonado a la parrilla, maíz tostado, estofado de carne, plátanos fritos… y todo eso regado con agua de coco o mejor aún, con un ron de caña.

     

    Son las siete de la tarde y la policía se acerca a los ‘sound systems’ para avisarles de que solo hay tiempo para una canción más. Debido a la mala reputación de peligroso que durante años este tuvo este carnaval no esta permitido seguir la fiesta una vez que cae la noche como es costumbre en otros lugares. Obedientes, nos preparamos para disfrutar a tope del último tema del día. Brazos en alto y a saltar hombro con hombro en esta locura colectiva apurando las últimas notas.

     

    Espero que me hayáis perdonado el retraso en la entrega del blog…sólo quería que también vosotros participarais de la fiesta…

      

    August 17

    Agua bendita

     
     

    No hace falta ser mayor con problemas en las articulaciones y ciática galopante para apreciar los beneficios de las aguas termales sobre nuestro cuerpo y nuestra mente.

    Esto lo puede comprobar por mi mismo en una de las ciudades en donde ir a baños termales es tan habitual como ir al cine el fin de semana, eso si mejor no llevarse palomitas, lo único que hace falta un traje de baño y en alguno de ellos hasta eso sobra.

     

    La ciudad de la que hablo es Budapest. Una bellísima ciudad monumental recorrida por tranvías adornada con edificios nobles y atravesada por el Danubio.

    Pero la razón por la que estoy aquí no es para admirar los edificios sino para ver las yemas de mis dedos arrugándose después de estar horas sumergido en aguas termales que a la misma temperatura del cuerpo 36 grados, te hacen sentir en la gloria.

     

    La sensación se acentúa cuando hace frió afuera y entrar en las piscinas de agua que emana de las entrañas de la tierra es como sumergirse en un baño gigante compartido.

    A medida que me adentro en esta piscina barroca el vapor se hace más espeso y por un momento me parece estar perdido en la niebla con el agua al cuello. Un instante más tarde adivino sombras que caminan o nadan hacia mí con parsimonia.

     

    En una esquina de la piscina un grupo de húngaros juega al ajedrez sin abandonar el agua. Su mente trabaja mientras que su cuerpo se tonifica con los efectos medicinales de esta agua bendita.

     

    Dejo a regañadientes el balneario al aire libre de Szechenyi y me dirijo a la que para mí es la piscina más bella del mundo: Geller.

    Esta piscina convierte el mundano ejercicio de la natación en un ejercicio de sofisticación que te permite admirar la decoración Art-nouveau  de las columnas y las curvas metálicas de los balcones en el piso superior en cada brazada. Un chapuzón en Gellert es lo más cerca que uno puede estar a nadar dentro de un museo.

     

    Hay muchos otros baños turcos en Budapest. Se necesitaría al menos una semana para disfrutarlos todos con la tranquilidad que merecen.

     

    Y si todavía eres de los que piensan que las aguas termales  solo son para viejos, una visita nocturna a los baños turcos de Rudas y Kirali y sus fiestas ocasionales en las que la tranquilidad del rumor del agua se cambia por los decibelios de la música “House” y la luz tenue que se filtra por sus ojales, por los efectos visuales que por un día convierten este santuario de paz en un “Rave” memorable, te harán cambiar de opinión.

     

         Gente joven bailando y luciendo cuerpos de escándalo y trajes de baño de diseñador disfrutando hasta la madrugada con el agua hasta la cintura.

     

    Quien dijo ancianos?

     

     

     

     

    August 09

    De festival en Edimburgo

     

    Edimburgo es probablemente una de las ciudades más bellas de las islas británicas. La capital de Escocia es lo suficientemente grande para que tenga aire de ciudad cosmopolita y lo suficientemente pequeña para que conserve el sentido de pueblo construido para ser disfrutado a pie y sin prisas.

    Edimburgo sorprende desde cualquier punto de la que se mire. Rodeada de colinas las posibilidades de verla a vista de pájaro son muchas, quizas las mejores miradores son la conocida como “La silla de Arturo” y “Calton Hill” ,coronada esta con un templete neoclásico desde el que llenarse los sentidos de esta preciosa ciudad. Desde el suelo sigue sorprendiendo con la roca negra de origen volcánico sobre la que se asienta el castillo (Castlle Rock), sus frondosos jardines, sus calles adoquinadas en la “ciudad vieja”, sus arquitectura medieval, sus callejuelas estrechas en las que se esconden pubs con una oferta de whiskies capaces de desafiar al mas aguerrido de los escoceses.

    Me detengo al final de la avenida principal de la ciudad vieja a admirar la curvatura de la calle cuando de repente una tribu de africanos camina cuesta arriba ataviados con pieles y plumas y cargando tambores e instrumentos de madera.

    Esta visión tan extravagante es relativamente normal en Agosto, mes durante el cual Edimburgo saca su espíritu de fiesta y se lanza a la calle con un despliegue de festivales único en Europa, con la angustia del que sabe que una vez que se acaba agosto por delante quedan meses de frió y oscuridad. Al famoso festival de teatro se une el festival de blues, el festival del libro y “Tattoo” o desfile de bandas militares con el estruendo de los grupos de gaitas como principal atracción, o tortura, según se mire, o mejor dicho, según se escuche.

     En la calle actores o aspirantes a actores compiten por la atención del público con sus espectáculos de calle y reparten folletos de sus funciones que tendrán lugar esa noche. Son tantas y tan variadas las ofertas teatrales que lo difícil es escoger y lo fácil equivocarse.

    Me voy por lo fácil y me equivoco y acabo bostezando en la butaca junto a o no más de siete personas más que se animaron a ver este show de amateurs. No importa, es parte del desafió y se que en par de estare viendo una obra de teatro físico de Polonia y mas tarde a un par de comediantes en un pub haciendo “stand up comedy” la especialidad del festival. Aquí uno se siente como descubridor de talentos y recorre las salas con la esperanza de ver en el escenario al próximo Ricky Gervais o el futuro Edwan Macgregor.

    En el pub si que acierto y durante hora y media no paro de reír con los comediantes. A decir verdad no se si el merito es de ellos o de los dos whiskies de 12 años que he tomado mientras los escucho. Miro a mí alrededor y veo que todos los clientes con whiskies en la mano se ríen mucho más que los que beben refresco.

     Alguien debería decirles que en Edimburgo la comedia y el buen whiskey son elementos de la misma ecuación.

    August 03

    Al encuentro del oasis

     

     

    Pocos lugares resultan tan evocadores en el mundo del viajero como la visión del oasis.

     

    Después de días aguantando el sol ardiente y noches soportando temperaturas que a menudo por debajo de cero, racionando el agua y la comida, el llegar al fin a un lugar de frondosa vegetación, con sombra para cobijarse y frutas frescas y agua para lavarse el sudor y la arena debe ser lo mas parecido a alcanzar el cielo en la tierra.

     

    Claramente me estoy refiriendo aquí a la experiencia del viajero antiguo a los mercaderes que cruzaban el desierto a lomo de camellos. Mi experiencia del encuentro con oasis después de viajar por el desierto en Jeep y en autobús por las pistas a veces asfaltadas que cruzan el desierto no es sino una milésima parte de lo que deben haber vivido aquellos viajeros.

     

    Y sin embargo, sino en el sufrimiento del camino, puedo decir que al menos me identifique con aquellos viajeros en la alegría y la sensación de gozo que me produjo el encuentro con el oasis.

     

    Cuando llegue al albergue era de noche y el cansancio de 18 horas de viaje hizo que entrar en la habitación y caer dormido fue todo uno.Temprano en la mañana me levante y note una sensación de frescor que hacia tiempo no experimentaba. Subí a la terraza y allí estaba. Un bosque de cientos de miles de palmeras creando un paraje frondoso interrumpido bruscamente por las dunas.

     

    En ningún sitio como aquí uno entiende la importancia del agua. A su alrededor surgen asentamientos, se crean mercados, se abren escuelas y se le gana la partida a uno de los paisajes mas inhóspitos de la tierra.

     

    Rudimentarios sistemas de riego hechos con arcilla distribuyen el agua hacia los cultivos, alrededor de las cuales se levantan casas de arcilla donde sobreviven las familias con lo que consiguen arrancan a la tierra.

     

    En una pequeña escuela los niños se arremolinan alrededor de mi cámara y se sorprenden al verse retratados en la pantallita de la cámara digital.

    Otros aprovechando la oportunidad de verse a si mismos en acción improvisan sus mejores piruetas; saltos de Kun-fu , volteretas, en un despliegue de elasticidad  tan contagioso que yo también, cámara en mano, me pongo a saltar y lanzar patadas al aire entre risas de mis nuevos amigos.

    Después, todos vamos corriendo a una charca a refrescarnos y quitarnos el sudor de la cara con agua fresca.

     

    En el oasis, el agua es más que vida. Es también un sinónimo de felicidad.