Rafael's profileEl Viajero Con-SentidoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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August 27 Carnaval en LondresMe retrase esta semana con mi blog, pero tengo una buena excusa. De hecho es una de las mejores excusas que se pueden tener en Londres para dejarlo todo y apuntarse a la mayor fiesta callejera de Europa: El carnaval de Notting Hill.
Si leéis estas líneas el lunes, estaré de nuevo allí como estuve este domingo, junto con otro millón de almas, que durante dos días se dejan llevar por el sonido del calipso, la soca, el reggae en este pintoresco barrio del oeste de Londres. Por más que le duela a Hugh Grant y Julia Roberts y el resto de sus amigos fresas de la película Notting Hill, esta zona es el verdadero corazón de la cultura caribeña en Inglaterra.
A pesar de que también hay grupos de danzantes desfilando con mucha pluma y lentejuelas y poca ropa al ritmo de bandas de tambores, este carnaval no es un carnaval en el sentido que normalmente asociamos con esta palabra. La gente, a excepción de los que participan en el desfile, no se disfrazan y a decir verdad, las carrozas son en general más bien pobres y totalmente amater. Si uno viene aquí esperando encontrar algo remotamente similar a los carnavales de Brasil, se va a ir decepcionado.
La fuerza de este carnaval esta en las calles repletas de personas que se mueven de un lado a otro buscando los ‘Sounds Systems’, enormes traileres con docenas de altavoces gigantescos que retumban en cada esquina. Rap, Hip hop, regatón, compiten en decibelios con música electrónica, ‘Dance’, ‘Garage’, ‘Drum and base’, ‘Jungle’ y demás ritmos de moda.
En cada calle se forman ‘Raves’ multitudinarias en las que las que gente de cualquier color y de cualquier edad armados del casi obligatorio silbato colgado al cuello con la cinta de color negro, verde y amarillo, símbolo de los rastafaris, saltan y corean los himnos del carnaval.
Entre baile y baile una visita a uno de los cientos puestos de comida caribeña para reponer fuerzas con un pollo sazonado a la parrilla, maíz tostado, estofado de carne, plátanos fritos… y todo eso regado con agua de coco o mejor aún, con un ron de caña.
Son las siete de la tarde y la policía se acerca a los ‘sound systems’ para avisarles de que solo hay tiempo para una canción más. Debido a la mala reputación de peligroso que durante años este tuvo este carnaval no esta permitido seguir la fiesta una vez que cae la noche como es costumbre en otros lugares. Obedientes, nos preparamos para disfrutar a tope del último tema del día. Brazos en alto y a saltar hombro con hombro en esta locura colectiva apurando las últimas notas.
Espero que me hayáis perdonado el retraso en la entrega del blog…sólo quería que también vosotros participarais de la fiesta…
August 17 Agua benditaNo hace falta ser mayor con problemas en las articulaciones y ciática galopante para apreciar los beneficios de las aguas termales sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. Esto lo puede comprobar por mi mismo en una de las ciudades en donde ir a baños termales es tan habitual como ir al cine el fin de semana, eso si mejor no llevarse palomitas, lo único que hace falta un traje de baño y en alguno de ellos hasta eso sobra.
La ciudad de la que hablo es Budapest. Una bellísima ciudad monumental recorrida por tranvías adornada con edificios nobles y atravesada por el Danubio. Pero la razón por la que estoy aquí no es para admirar los edificios sino para ver las yemas de mis dedos arrugándose después de estar horas sumergido en aguas termales que a la misma temperatura del cuerpo 36 grados, te hacen sentir en la gloria.
La sensación se acentúa cuando hace frió afuera y entrar en las piscinas de agua que emana de las entrañas de la tierra es como sumergirse en un baño gigante compartido. A medida que me adentro en esta piscina barroca el vapor se hace más espeso y por un momento me parece estar perdido en la niebla con el agua al cuello. Un instante más tarde adivino sombras que caminan o nadan hacia mí con parsimonia.
En una esquina de la piscina un grupo de húngaros juega al ajedrez sin abandonar el agua. Su mente trabaja mientras que su cuerpo se tonifica con los efectos medicinales de esta agua bendita.
Dejo a regañadientes el balneario al aire libre de Szechenyi y me dirijo a la que para mí es la piscina más bella del mundo: Geller. Esta piscina convierte el mundano ejercicio de la natación en un ejercicio de sofisticación que te permite admirar la decoración Art-nouveau de las columnas y las curvas metálicas de los balcones en el piso superior en cada brazada. Un chapuzón en Gellert es lo más cerca que uno puede estar a nadar dentro de un museo.
Hay muchos otros baños turcos en Budapest. Se necesitaría al menos una semana para disfrutarlos todos con la tranquilidad que merecen.
Y si todavía eres de los que piensan que las aguas termales solo son para viejos, una visita nocturna a los baños turcos de Rudas y Kirali y sus fiestas ocasionales en las que la tranquilidad del rumor del agua se cambia por los decibelios de la música “House” y la luz tenue que se filtra por sus ojales, por los efectos visuales que por un día convierten este santuario de paz en un “Rave” memorable, te harán cambiar de opinión.
Gente joven bailando y luciendo cuerpos de escándalo y trajes de baño de diseñador disfrutando hasta la madrugada con el agua hasta la cintura.
Quien dijo ancianos?
August 09 De festival en Edimburgo
Edimburgo es probablemente una de las ciudades más bellas de las islas británicas. La capital de Escocia es lo suficientemente grande para que tenga aire de ciudad cosmopolita y lo suficientemente pequeña para que conserve el sentido de pueblo construido para ser disfrutado a pie y sin prisas. Edimburgo sorprende desde cualquier punto de la que se mire. Rodeada de colinas las posibilidades de verla a vista de pájaro son muchas, quizas las mejores miradores son la conocida como “La silla de Arturo” y “Calton Hill” ,coronada esta con un templete neoclásico desde el que llenarse los sentidos de esta preciosa ciudad. Desde el suelo sigue sorprendiendo con la roca negra de origen volcánico sobre la que se asienta el castillo (Castlle Rock), sus frondosos jardines, sus calles adoquinadas en la “ciudad vieja”, sus arquitectura medieval, sus callejuelas estrechas en las que se esconden pubs con una oferta de whiskies capaces de desafiar al mas aguerrido de los escoceses. Me detengo al final de la avenida principal de la ciudad vieja a admirar la curvatura de la calle cuando de repente una tribu de africanos camina cuesta arriba ataviados con pieles y plumas y cargando tambores e instrumentos de madera. Esta visión tan extravagante es relativamente normal en Agosto, mes durante el cual Edimburgo saca su espíritu de fiesta y se lanza a la calle con un despliegue de festivales único en Europa, con la angustia del que sabe que una vez que se acaba agosto por delante quedan meses de frió y oscuridad. Al famoso festival de teatro se une el festival de blues, el festival del libro y “Tattoo” o desfile de bandas militares con el estruendo de los grupos de gaitas como principal atracción, o tortura, según se mire, o mejor dicho, según se escuche. En la calle actores o aspirantes a actores compiten por la atención del público con sus espectáculos de calle y reparten folletos de sus funciones que tendrán lugar esa noche. Son tantas y tan variadas las ofertas teatrales que lo difícil es escoger y lo fácil equivocarse. Me voy por lo fácil y me equivoco y acabo bostezando en la butaca junto a o no más de siete personas más que se animaron a ver este show de amateurs. No importa, es parte del desafió y se que en par de estare viendo una obra de teatro físico de Polonia y mas tarde a un par de comediantes en un pub haciendo “stand up comedy” la especialidad del festival. Aquí uno se siente como descubridor de talentos y recorre las salas con la esperanza de ver en el escenario al próximo Ricky Gervais o el futuro Edwan Macgregor. En el pub si que acierto y durante hora y media no paro de reír con los comediantes. A decir verdad no se si el merito es de ellos o de los dos whiskies de 12 años que he tomado mientras los escucho. Miro a mí alrededor y veo que todos los clientes con whiskies en la mano se ríen mucho más que los que beben refresco. Alguien debería decirles que en Edimburgo la comedia y el buen whiskey son elementos de la misma ecuación. August 03 Al encuentro del oasis
Pocos lugares resultan tan evocadores en el mundo del viajero como la visión del oasis.
Después de días aguantando el sol ardiente y noches soportando temperaturas que a menudo por debajo de cero, racionando el agua y la comida, el llegar al fin a un lugar de frondosa vegetación, con sombra para cobijarse y frutas frescas y agua para lavarse el sudor y la arena debe ser lo mas parecido a alcanzar el cielo en la tierra.
Claramente me estoy refiriendo aquí a la experiencia del viajero antiguo a los mercaderes que cruzaban el desierto a lomo de camellos. Mi experiencia del encuentro con oasis después de viajar por el desierto en Jeep y en autobús por las pistas a veces asfaltadas que cruzan el desierto no es sino una milésima parte de lo que deben haber vivido aquellos viajeros.
Y sin embargo, sino en el sufrimiento del camino, puedo decir que al menos me identifique con aquellos viajeros en la alegría y la sensación de gozo que me produjo el encuentro con el oasis.
Cuando llegue al albergue era de noche y el cansancio de 18 horas de viaje hizo que entrar en la habitación y caer dormido fue todo uno.Temprano en la mañana me levante y note una sensación de frescor que hacia tiempo no experimentaba. Subí a la terraza y allí estaba. Un bosque de cientos de miles de palmeras creando un paraje frondoso interrumpido bruscamente por las dunas.
En ningún sitio como aquí uno entiende la importancia del agua. A su alrededor surgen asentamientos, se crean mercados, se abren escuelas y se le gana la partida a uno de los paisajes mas inhóspitos de la tierra.
Rudimentarios sistemas de riego hechos con arcilla distribuyen el agua hacia los cultivos, alrededor de las cuales se levantan casas de arcilla donde sobreviven las familias con lo que consiguen arrancan a la tierra.
En una pequeña escuela los niños se arremolinan alrededor de mi cámara y se sorprenden al verse retratados en la pantallita de la cámara digital. Otros aprovechando la oportunidad de verse a si mismos en acción improvisan sus mejores piruetas; saltos de Kun-fu , volteretas, en un despliegue de elasticidad tan contagioso que yo también, cámara en mano, me pongo a saltar y lanzar patadas al aire entre risas de mis nuevos amigos. Después, todos vamos corriendo a una charca a refrescarnos y quitarnos el sudor de la cara con agua fresca.
En el oasis, el agua es más que vida. Es también un sinónimo de felicidad. |
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