Rafael's profileEl Viajero Con-SentidoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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July 17 El final del caminoEn una pequeña iglesia románica de Santa Maria de Bareyo en Cantabria, figuras antropomorfas de piedra me observan desde las paredes. Este santuario es uno de los muchos lugares de paso obligados para los peregrinos en dirección a Santiago por la ruta del camino del norte.
En el interior del templo se venden conchas de peregrino. La muchacha que las vende las guarda en una caja de cartón debajo de una mesita. Detrás de mi, dos mujeres alemanas de mediana se acercan a la muchacha y le piden que les selle una especie de pasaporte de páginas rebosantes de sellos multicolores. “Es mi pasaporte de peregrino” me cuenta orgullosamente una de las mujeres desplegando el contenido de su documento.
“Yo también quiero uno de esos” exclamo. “Necesitas haber andado al menos 100 Km. a pie o 200 Km. en bicicleta para ser reconocido oficialmente como peregrino” me dice mirando con desconfianza mis zapatos en perfecto estado y mi camisa limpia sin manchas de sudor. “Y cuantos km son necesarios para los que lo hacemos en coche?” pregunto inocente. Una mirada fulminante de la señora y la muchacha en la iglesia son contestación suficiente. Abandono el templo sin pasaporte y sintiéndome un fraude.
Llego a Santillana del Mar una ciudad por en la que se detuvo el tiempo y por cuyas calles empedradas caminaron antes millones de peregrinos. Los escudos de armas esculpidos en las fachadas de sus casas nobles son testimonio de esta villa medieval vetada al tráfico y consagrada como una de las ciudades más bellas del norte de España.
En un café varios peregrinos comparten anécdotas del camino mientras reponen fuerzas con unas rosquillas mojadas en leche. Desde mi rincón yo también mojo las rosquillas en leche pero de algún modo siento, a juzgar por la avidez con las que las devoran, que las suyas están mas ricas.
En mi recorrido la costa se interrumpe por las estribaciones de los majestuosos picos de Europa y donde estaba el mar ahora se levantan escarpadas y amenazantes montanas.
Una vez en Galicia y a medida que me acerco al final del camino, cada vez son más los peregrinos que provenientes de las otras rutas que recorren España en dirección a Santiago que van convergiendo a ambos lados de la carretera. Los hay que vienen desde el sur por la vía de la y desde Francia por el camino Frances (La mas popular de las rutas) o desde Portugal siguiendo la ruta portuguesa de sur a norte del país.
Todos afluentes de una misma corriente humana que desemboca en Santiago de Compostela.
En frente de la catedral de Santiago sentado en la majestuosa Plaza del Obradoiro observo boquiabierto la magnitud del pórtico barroco. A mi alrededor peregrinos con lagrimas mezcla de emoción y cansancio acumulado de semanas, sonríen satisfechos de haber realizado su particular hazana personal.
Los observo con cierta envidia pues su euforia es el producto no solo de lo quien tienen en frente sino de lo que dejaron atrás en los cientos de kilómetros de andadura.
Como decía Antonio Machado:
“Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar”
Yo llegué hasta aquí pero me perdí el camino.
July 03 Haciendo caminoSiempre me fascino la idea de hacer el camino de Santiago.
Recorrer pueblos y cruzar regiones de España a pie en dirección a Santiago de Compostela, uno de los lugares santos de la cristiandad compartiendo experiencias, vino y comida con otros caminantes en la ruta y alojándome en modestos hostales de peregrinos, es una idea que acaricie durante anos.
Un camino mítico que siguiendo la estela de la Vía Láctea vio circular por el millones de peregrinos empujados por la fe desde la edad media y hoy alentados, muchos de ellos, por el deseo de ser parte de este flujo universal de personas ininterrumpido desde la antigüedad.
Además, mi tierra, La Rioja es paso obligado de los peregrinos que encuentran en Santo Domingo de la Calzada parada y hospedaje donde recuperarse de los músculos doloridos y los pies encallecidos por el camino.
Recuerdo desde niño, ver a pequeños grupos de alemanes, parejas francesas, familias catalanas y gente de todo el mundo que mochila al hombro, una concha (el símbolo del apóstol Santiago) botas de caminar y bastón en mano se disponían a enfrentarse a los 800 kilómetros de uno de los recorridos mas andados del planeta.
Como decía, siempre me fascino la idea, pero la practica no tanto, por dos razones: la primera que no disponía de las necesarias tres semanas libres para dedicarlas al camino y la segunda y mas decisiva que soy un vago redomado y la idea de sufrir 800 Km. a pie pudo siempre mas que mis ganas de ser parte de este milenario peregrinaje.
Así pues me decidí a hacer una versión ‘light’ del Camino, un recorrido menor que me permitiera visitar los mismos lugares y compartir experiencias (Las suyas mas que nada) con los peregrinos, pero cambiando el dolor de pies por el relativo confort del asiento del autobús y los espartanos colchones de los alojamientos de peregrinos por las mullidas almohadas de pluma de hoteles con encanto a lo largo del camino.
Lo que contare en y mi próxima entrada de blog es el recuento de un peregrino de mentiras, un impostor dispuesto a llevarse lo gratificante de la experiencia sin el sufrimiento que conlleva.
Siguiendo la ruta del norte del camino de Santiago estaré recorriendo el País Vasco, Cantabria, Asturias hasta llegar al destino final en Galicia.
Bilbao es el punto de arranque, y desde el flamante museo Guggenheim, templo del arte moderno, inicie un recorrido de una semana que me llevara cerrando el círculo arquitectónico hasta el barroco de la impresionante catedral de Santiago.
Cuando llegue a la tumba del Apóstol Santiago prometo contarle mi pequeña trampa. Siendo un santo tan piadoso seguro que me perdona…
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