Rafael's profileEl Viajero Con-SentidoPhotosBlogListsMore Tools Help

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    July 25

    Segunda aventura siciliana

     

    Son las ocho de la manana y la ciudad huele a mar. Estoy en "La pescheria", el mercado de pescado de Catania. A voz en grito los pescadores venden su mercancia; atunes, doradas, montañas de almejas y langostinos, pulpos tan frescos que deslizan sus tentaculos por la caja de madera buscando una salida que no existe. Un pez espada de mas de dos metros me mira con su ojo redondisimo del tamano de una galleta. Su lomo se cocinara lentamente en las brasas de uno de los deliciosos restaurantes de pescado mas tarde.

     

    Cuando se oculta el sol, empieza el dia, o al menos la mejor parte del dia, para los miles de jovenes que estudian en esta ciudad universitaria y que hacen de Catania un verdadero oasis de hedonismo. Cada plaza se llena de terrazas y cada terraza se llena de gente disfrutando de cremosos helados que rebosan la copa, granizados de almendra, y café, cervezas fresquisimas y largas conversaciones.

     

    Catania es una ciudad hecha de lava. La piedra negra de sus muchos edificios nobles contrasta con su cielo de un azul casi perpetuo. El origen de esta lava se encuentra en Etna, el majestuoso volcan de 3300 metros de altura y de cuyos crateres emana el humo blanquecino que nos avisa que el volcan solo esta dormido. La ultima vez que desperto, en el 2002, los rios de lava calcinaron bosques y destruyeron un centro turistico en la localidad de Piano Provenzano.

     

    Camino por encima de la lava solidificada. La sensacion es la de estar caminando sobre piedras de carbon de todos los tamanos, solo que en lugar de negro brillante del carbon , la lava tienen un color grisaceo opaco.

    Andrea, el guia que acompana, me cuenta que no hay mayor espectaculo en el mundo que un volcan en erupcion y la lava avanzando por las laderas. El lo presencio en el 2002. Mi expresion de fascinacion me delata y Andrea sabe lo mucho que le envidio. Me consuela; “No te preocupes, seguro que el Etna vuelve a rugir de nuevo” me dice. Le hago prometer que si ocurre, me llame a Londres para tomar el primer avion hasta aqui.

     

    Abandono Catania con pena y pongo rumbo a Siracusa, una ciudad que rivalizo en esplendor con la propia Atenas en tiempo de los griegos. La grandeza arquitectonica de la zona Antigua y el  teatro griego me dejan boquiabierto. La plaza del Duomo con su catedral y sus palacios ocuparia lugar de honor en Venecia o Roma.

     

    Son las ocho de la tarde y la “passeggiata” o paseo, en la marina alcanza su apogeo; docenas de parejas, ancianos, madres con sus hijos y turistas despistados se unen a este ritual del caminar sin prisa y sin rumbo fijo por el simple placer de caminar y saludar a los conocidos que ya regresan de su paseo.

     

    En la ciudad de Modica, Mexico esta muy presente. Modica es la capital del chocolate y uno de los pocos lugares en Europa en el que todavia se elabora siguiendo la receta original aprendida de los Aztecas. El resultado es un delicioso chocolate de textura granulada en estado puro.

     

    Chocolate, exquisita arquitectura barroca, pescado fresco, cielos azules, gente hospitalaria, vida nocturna, volcanes, helados de pistacho, conversaciones hasta la madrugada y paseos en la tarde..esto son algunas de las cosas que me llevo de Sicilia. No me llevo mas para asi tener la excusa para volver. Aprovecho que estoy en este internet cafe para comprar un billete para septiembre y volver a explorar lo que me falto en este viaje.

     

    Mi nuevo amigo Simone me cuenta que en septiembre es aun mejor...

    Sera posible…?

    July 18

    Aventura siciliana

     

    Palermo, la capital de Sicilia, es como uno de esos mercados al aire libre en donde se venden objetos viejos y antiguedades: Es posible encontrar piezas de gran valor pero para dar con ellas es necesario rebuscar entre la basura.  

    Cada calle con el pavimento levantado puede conducirte a un palacio barroco, detras de cada andamio puede aparecer una fuente renacentista y en medio de un aparcamiento, entre hileras de coches aparcados en doble fila, es possible admirar la portada de una bellisima iglesia.  

    El trafico es el rey y cuando uno camina por las estrechisimas aceras, uno tiene que elegir entre mirar hacia la carretera  y evitar los retrovisores de los autobuses, mirar hacia abajo para no tropezar con los agugeros en el pavimento o mirar hacia arriba en caso que se desprenda un cascote de alguno de los cientos de edificios en reparacion.  

    Como es possible que una ciudad que fue una de las mas grandes y mas importantes del mundo durante la edad media, cuna del saber bajo el dominio musulman y lugar donde los nobles de Europa competian en opulencia con la construccion de sus palacios, sea hoy una ciudad que se desmorona? Varias son las razones en siglos anteriores pero cuando pregunto a sus habitantes el porque del estado actual de esta joya a la que se le fue el brillo, siempre encuentro la misma respuesta, dicha a menudo en voz baja: La mafia.  

    La mafia no solo “Hacia ofertas imposibles de rehusar” parafraseando a Don Corleone en la famosa pelicula "El Padrino”, y quebraba las rodillas de los que se negaban a pagar el impuesto por la “protecion” de sus negocios. La mafia quebro tambien las rodilas de  Palermo impidiendole su desarrollo desviando los fondos para su reconstruccion a sus propios bolsillos e instalando una cultura de corrupcion y miedo que aun hoy permanece.  

    Esta ciudad que paso de tener 150.000 habitantes a tan solo 35.000 en la decada de los setenta y que tuvo el dudoso honor de ser la localidad mas abandonada de toda Italia, se recupera con paso lento de las heridas infringidas por la “Cosa nostra”(Nombre con que se conoce a la mafia siciliana).  

    El 14 de Julio las calles de Palermo celebran su dia grande en honor a la patrona de la ciudad Santa Rosalia. Una procesion con sumtuosas carrozas, bandas de musica y espectaculares fuegos artificiales honran a esta santa que segun me cuentan libro a Palermo de la peste. Mientras me uno a los palermitanos en las celebraciones hasta bien entrada la madrugada, en mi memoria queda una pancarta colgada en un balcon por donde horas antes paso la procession. En letras rojas y negras dice “Santa Rosalia , tu que nos salvaste en el pasado, libranos ahora de esta poderosa peste moderna”. No esta escrito, pero tampoco hace falta.

    En Palermo todos saben quienes son la nueva peste.  

     

    July 11

    San Fermin y su encierro

     

    San Fermín se conoce como la fiesta del toro. Habría que escuchar lo que dicen ellos, que además de morir en la plaza por la tarde los llevan a hacer ‘jogging’ temprano en la mañana.  

    San Fermín es en realidad la fiesta de los pamplonicas y de todo aquel que se anime a acercarse desde el siete al 14 de Julio a la ciudad de Pamplona, en el norte de España. El único requisito es llevar el uniforme oficial de la fiesta: pantalón y camisa blanca, fajín rojo y  pañuelo también rojo anudado al cuello. Vestido así, uno se convierte en hijo oficial de Pamplona y amigo del alma de los otros cientos de miles de personas, que como tu llegaron hasta aquí buscando la fiesta callejera mas participativa del mundo en la que eres espectador y protagonista dependiendo de tus ganas y de la cantidad de Kalimocho (mezcla de vino y coca cola) que lleves dentro.  

    En San Fermín se desafía al sueño y durante siete días y siete noches las calles están repletas de gente que se desplaza como una marea humana atraídos por los irritantes sonidos de los tiovivos y las tómbolas, persiguiendo los destellos de los fuegos artificiales, siguiendo el olor a chorizo frito de las casetas, bailando un potpurrí de canciones populares en una de las verbenas, o buscando un trago más en los cientos de bares de la zona vieja.  

    Son las siete de la mañana. Un grupo de tres músicos ataviados a la antigua usanza tocan las dianas por las calles a ritmo de gaita y tamboril. Con la misma destreza que el flautista de Amelia, los músicos van hipnotizando a los mozos que adivinan que la hora de la verdad ha llegado. Atrás quedan los bailes, las litronas de cerveza, el vino espumoso agitado al aire en una colectiva ducha alcohólica. En una hora, cientos de personas se estarán jugando la vida delante de una manada de trenes expresos de puro músculo  con pitones capaces de perforar un esternón humano con la facilidad con la que un palillo perfora una aceituna.  

    Camino por el recorrido envallado  por donde transcurrirá el encierro al encuentro de los corrales de donde 6 toros bravos y otras tantas vacas saldrán en unos minutos como balas calle arriba.

    Correr el encierro es un arte pero como en la mayoría de las artes, solo hay un puñado de verdaderos artistas. El resto somos aprendices de valientes, curiosos, americanos que leyeron a Hemingway, consumidores habituales de adrenalina, o machos con algo que probar.  

    Faltan cuatro minutos para las ocho de la mañana. Los mozos, periódico en mano, le cantan a una pequeña imagen de San Fermín de piedra en una hornacina y le piden ‘..nos guié en el encierro dándonos su bendición”. 

    Suena el cohete de aviso, muchos salen corriendo y yo estoy tentado de hacer lo mismo. El miedo me bloquea las rodillas, aguanto. Tras el segundo cohete se abren las puertas de los chiqueros y entre la luz oblicua del sol que a esa hora de la mañana alumbra de frente, una estampida de bestias tan asustadas como nosotros pero armadas con cuchillos de 50 cm. adornándoles el testuz, se lanzan a tumba abierta entre un estruendo de gritos, ruido de cencerros , olor a res, y pezuñas martilleando los adoquines, arrollando aquello que se encuentra a su paso.

    El pánico ahora funciona como resorte y en un sálvese quien pueda, comienza una frenética carrera de obstáculos en la que los obstáculos son los cuerpos de los que tropiezan y la meta conseguir salir de esta en una pieza.  

    No necesito mirar hacia atrás para saber que los toros van ganando terreno. Los gritos del público me  lo confirman. Es hora de arrojarse al suelo y refugiarse debajo del vallado de madera. Segundos después pasa la manada haciendo temblar el suelo. Desde el cohete hasta mi cuerpo a tierra no ha pasado mas de minuto y medio. Toda un eternidad en el encierro.

    En un bar, un caldo caliente con un chorreton de vino me devuelve el color a la cara. 

     San Fermín es la fiesta del toro. Aquí al menos ellos tienen la oportunidad de hacernos sentir a nosotros el mismo pánico que por la tarde, sentirán ellos en la plaza cuando enfrenten la muerte.

    July 04

    Francia rustica

     

    Me imagino que lo contrario de lo exótico podría ser lo rústico.  

    Si casi siempre que viajamos buscamos lo primero por definición deberíamos huir de lo Segundo.

    Pocos lugares tan rústicos como un viejo molino en una aldea perdida de Francia. Y sin embargo es un viaje que quedo en mi memoria por su simplicidad.

    Yo que soy un amante de los olores a especias en los mercados, la arquitectura de civilizaciones antiguas, la variedad de las comida orientales, el bullicio de las noches en las grandes ciudades, me encontré en un lugar en donde la banda sonora era cortesía del rió que antiguamente movía la rueda del molino, el olor alternaba entre flores silvestres y estiércol de vaca, la comida a base de pan, queso, vegetales y vino, y la única vida nocturna era la de las cigarras y las ranas que a juzgar por el ruido debían de estar celebrando algo grande.  

    Me costo un día adaptarme a este espacio, tan lejano en mi mente desde que vivo en Londres, como las pirámides de Egipto.

    Cuatro días después era una rana más.  

    El pueblo más cercano estaba a 15 minutos a pie. Caminado por el arcén de las estrechas carreteras, dos de cada tres vehículos con los que me cruzaba eran tractores.

    En el pueblo, después de comprar paté de oca, quesos variados, tomates, pan francés y croasaints, una breve parada en el único bar del pueblo para tomar un café “olé”.

    La mirada de los lugareños fue una mezcla entre curiosidad y “Que se la habrá perdido a este por aquí?”. Paris, cosmopolita y sofisticada, que en realidad esta a sólo dos horas en coche, parecería estar a cien mil kilómetros de distancia.  

    Camino por la ribera del río hasta un bosque. La arquitectura aquí la ponen losl castaños y los eucaliptos. En el suelo una de esas flores con pelusa que uno solía soplar al viento cuando era niño. Tomo una foto y no resisto la tentación de soplarla y pedir el consabido deseo.  

    A esta hora de la mañana en Londres ya habría empujado al menos a tres personas para montarme en el autobús después de haber refunfuñado a la lentitud de los turistas consultando mapas en medio de la acera mientras camino junto con otras cientos de almas estresadas en dirección al trabajo.

     Aquí, sin embargo me quedo embobado con la resina que sale de la corteza de un árbol creando una bola de ámbar en forma de lágrima.  

    Creo que son las cinco de la tarde (Deje el reloj en el Molino) y el calor aprieta.

    Las vacas bajan a abrevar y a refrescarse en el río. Yo decido hacer lo mismo, aunque sin abrevar.  

    Las hojas en el río me hacen pensar que Monet debió de tomar inspiración para sus cuadros de un lugar como este.  

    Cuando regrese a Londres volveré a la Galería Nacional a ver de nuevo sus cuadros. Esta vez con más calma, más sosiego y con la gran ventaja de haber visto el original.