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    April 25

    Bienvenido a Sarajevo

     
     

    “El día en que los visitantes dejen de preguntar sobre la guerra empezaremos a creernos que tenemos futuro”. Nunca olvidare esta frase que anos atrás me dijo un taxista de Sarajevo con evidente enfado cuando hice un comentario sobre uno de los edificios destruidos hace cuatro anos en mi primera visita a la ciudad.

     

    Desde entonces cuando regreso no pregunto sobre la guerra y apenas cojo taxis (nada personal, simplemente prefiero los desvencijados tranvías). No es que los habitantes de Sarajevo se nieguen a hablar del pasado, al contrario, su fama de conversadores no deja fuera el tema de la guerra con historias que combinan relatos heroicos y desesperados con otros macabros aderezados con toques de humor negro del tipo que solo a los que de verdad han sufrido se les esta permitido contar.

     

    Lo que quería decir el taxista, con mucha razón, es que a más de12 años del final del conflicto quizás ya era hora de empezar a ver a Sarajevo con los ojos en el presente.

     

    Después de un largo y penoso viaje, por fin “la Jerusalén de Europa”, como se le denomino por su tolerancia religiosa – Musulmanes, cristianos ortodoxos, católicos y judios rezaban pared con pared- aparece otra vez reconstruida y en forma, preparada para seducir de nuevo al mundo con su amalgama de mezquitas, iglesias, edificios Austro-Húngaros y ejemplos de arquitectura socialista de dudoso merito.

     

    Afortunadamente, algo que no perdió en este largo trayecto fue su personalidad, presente cuando uno saborea un café turco espeso como el alquitrán, en las viejas kafanas de Bascarsija, cuando devora cevapi, especialidad local de carne sazonada, en pan recién horneado, o se deja seducir por la disposición de los habitantes de Sarajevo a hacer de la noche una extensión natural del día en bares y locales llenos de humo de tabaco y conversación.

     

    Caminando por las calles adoquinadas en los alrededores de la zona antigua, el repicar de los martillos sobre el metal que sale de las pequeñas tiendas del bazar otomano te invita a mirar dentro.

     Allí, en una rudimentaria mesa de trabajo, los artesanos esculpen el metal de la misma manera que siempre lo hicieron. Bandejas de estaño decoradas , juegos de cafe de cobre y en un guiño al instinto de supervivencia de los habitantes de Sarajevo, hasta las carcasas de los proyectiles que destruyeron la ciudad se convierten ahora en delicados objetos decorados con motivos florales.

     

    Pero Sarajevo no es solo tradición. A la misma hora en que muchos de sus habitantes acuden a una de las mezquitas de la ciudad a orar y los ancianos ejercitan el cerebro en partidas de ajedrez al aire libre con fichas gigantes y discusiones de igual tamaño, en el nuevo Sarajevo otros jóvenes se dan cita en las terrazas de los bares y en galerías de arte para discutir sobre literatura, cine y música.

     

     

    Moderna y tradicional en su carácter, Otomana y Austro-Húngara en su arquitectura, sufrida y optimista su gente, dinámica y pausada en su ritmo, Sarajevo es hoy, como siempre lo fue, un lugar de encuentro en el que los opuestos se atraen.

     

    Minarete y torre de iglesiaBiblioteca nacionalAjedrezmercado de alfombrasPalomasObuses decorados

     

    April 13

    Alasitas

     

    “Compre señorcito y si tiene fe verá como en un año se habrá cumplido sus sueños”. Así me decía el tendero de uno de los muchos puesto de miniaturas en el mercado de Alasitas en Sucre, Bolivia.

     

    Delante de mi todo un muestrario de réplicas exactas a pequeño tamaño  de casas, coches, fajos de billetes, pasaportes, lavadoras y computadores personales entre otros objetos.

     

    Alasitas es un mercado de sueños en donde las aspiraciones y los deseos de los bolivianos convergen en una mezcla de superstición y religiosidad en la que miles de personas dejan aparcada la realidad y se zambullen en un mundo donde lo mágico y lo irracional parece posible.

     

    Nada mejor para conocer las aspiraciones de los bolivianos menos afortunados que echar un vistazo a los objetos del puesto de doña Rosita: Tablas de planchar, una caja de herramientas, títulos universitarios, una furgoneta de reparto…estas miniaturas son el reflejo a pequeña escala de los modestos sueños de estas personas que no son otros que un hogar, un trabajo, o la posibilidad de tener una educación. 

     

    “Llévese una de estas maletas y tendrá el futuro asegurado” me asegura Rolando, abriendo una pequeña maleta con dinero en todas las divisas, tarjetas Visa, American Express, certificado de salud, títulos de propiedad y un flamante diploma de ingeniero.

     

    “De verdad que esto funciona?” le pregunto un tanto incrédulo, “Seguro” me responde, “Usted ponga su nombre nomás en el titulo y verá como le admiten en la universidad el año próximo”.

     

    Una vez echa la compra es necesaria la bendición de los pequeños objetos por parte del vendedor y en presencia de la imagen de la virgen de Alasitas para completar el ritual y asegurar que las miniaturas se transformen en las replicas a tamaño natural de los objetos deseados.

     

    Las historias de gente que hizo realidad sus sueños circulan por los puestos animando a otros a probar suerte. Otras historias menos afortunadas como la de las dos ‘Cholitas” (Indígenas del altiplano) que emigraron a USA y se llevaron consigo una maletita llena de dólares de papel con la esperanza de que allí sus sueños de una vida mejor se hicieran realidad.

     

    Desafortunadamente, los servicios de aduanas de Estados Unidos no saben lo que es la magia y en nombre del inflexible y a menudo absurdo, brazo de la ley fueron enviadas las dos a prisión acusadas de llevar dinero falso.

     

    Siguiendo los consejos de Rolando, en Alasitas compre una ‘maleta de la suerte’, una casa y un ordenador ‘Mac’ hecho de plomo. La casita y el ordenador los puse como adorno en una estantería y me olvidé de ellos.

     

    Hoy no puedo apartar la vista de estos minúsculos objetos recién me percaté que hace  menos de un mes me compre un piso y en este momento estoy escribiendo estas líneas en mi flamante nuevo ordenador Mac.

     

    No puedo esperar a volver a Sucre para darle las gracias al señor Rolando y a Alasitas.

     

     Buscando sueñosMiniaturas para todosLa Virgen de AlasitasRolando en su puestoNina y dulces

     
    April 01

    Sevilla en primavera

     

    Tan pronto como el domingo de resurrección llega a su fin, los sevillanos doblan con esmero las túnicas, almacenan respetuosamente los ornamentos religiosos, y guardan con nostalgia los capirotes en sus armarios hasta el año que viene.

     

     A la vez, de reojo observan, en el otro cajón,  los trajes de corto,  sus sombreros de ala ancha, sus zajones y sus chaquetillas de montar, mientras que las mujeres les quitan el plástico protector a los trajes de lunares y volantes y desempolvan las mantillas y las peinetas.

     

    Del negro al arco iris y del culto religioso al culto profano, de la semana santa a la feria de abril, en menos de un mes que cada año define Sevilla y su delicioso gusto por la parafernalia.

     

    Los sevillanos esperan ansiosos el día del alumbrado en el que 22.000 bombillas se encienden a la vez abriendo así la pasarela de la feria por donde desfilaran caballos andaluces, mujeres enseñando la ultima tendencia en trajes de faralaes, tipos de dinero con casetas privadas donde convidar a jamón y vino fino a sus amistades y clientes y hordas de turistas que se lo llevan todo en la memoria de sus cámaras digitales,

     

    Y mientras el recinto de la feria se prepara, el centro histórico de Sevilla toma aliento en sus calles oliendo a incienso y cubiertas aún de cera derretida de los cirios de los nazarenos, como si a la ciudad necesitara más tiempo para realizar la transición de las marchas fúnebres a las sevillanas.

     

    Las plazas del centro le ceden el protagonismo a otra plaza, la plaza de toros de la Real Maestranza en donde el murmullo de los entendidos y el olor a puro, acompañan cada día la muerte de seis toros que durante la feria sufren su particular calvario.

     

    En otra plaza decorada con azulejos, la plaza de España, una pareja de recién casados pasean de la mano minutos después de prometérselo todo.

     

    En los bares de Triana ,se beben cañas y se tapea sobre las cabezas vacías de las gambas en el suelo entre servilletas de papel y pitas de aceituna.

     

    Dos remeros en una piragua cortan el agua del río Guadalquivir con movimientos rítmicos; al fondo la Torre del oro refleja los rayos oblicuos del sol del atardecer.

     

    Y con la extraña lucidez que da una copa de fino, uno se pregunta porque no serán así todas las ciudades.

     

    Cera derretida en el sueloParque sevillanoLa giralda al fondoSemana Santa de rebajasPlaza de toros de la MaestranzaNovios