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    October 27

    Montenegro



    Montenegro, con menos de 700.000 habitantes es tan pequeño que hasta el pasado año no era ni siquiera un país, tan sólo una república que unida con Serbia constituía la federación  de Serbia y Montenegro. Tras el referéndum de mayo del 2006 los montenegrinos decidieron mirar al futuro por si solos, como país independiente.

    Mas que a la Serbia de tierra adentro, su vocación marinera es similar a la de su vecino Croacia, con el que comparte sus costas y el mirador afortunado de uno de los mares más transparentes del planeta: El Adriático.

    En Montenegro uno nunca se plantea esa disquisición vacacional habitual de Playa o montaña. Aquí no hay elección :son las dos y punto. Las carreteras de una playa a otra a lo largo de la costa suben y bajan, se retuercen abrazando la cintura de impresionantes montañas de piedra negra que le dan el nombre al país.

    Si delante suyo circula un viejo camión,  como parece ser siempre el caso, no se desespere, las vistas compensan de sobra la lentitud del trafico: la ciudad amurallada de Budva, las playas doradas de Petrovac y quizás la imagen más emblemática de Montenegro; la minúscula península de Sveti Stefan, una villa de piedra de pescadores convertida en los años 60 en un complejo hotelero de lujo en donde Sofía Loren y Doris Day, entre otras estrellas, broncearon sus cuerpos en sus idílicas terrazas.

    Sin duda, uno de las joyas de Montenegro es la ciudad de Kotor. Con un nombre y unas fortificaciones que bien podrían haber sido sacadas de la ultima entrega de ‘El señor de los anillos’, Kotor es una ciudad impresionante por sus cuatro costados. Una muralla de 10 metros de ancho y 20 de alto protege las casas, iglesias y palacios de la antigua ciudad en donde el ladrillo es un insulto y sólo la piedra noble tiene lugar.

    Como no podía ser de otro modo , la ciudad esta situada entre el mar y la montaña. Paredes escarpadas fijan el limite de la ciudad pero no de la muralla que continua su recorrido vertical hasta alcanzar los 200 metros coronando la cima de la montaña. Dos cosas son necesarias para llegar hasta allí : buenas piernas y tiempo de sobra. Tiempo no sólo para realizar el trecking, sino para ,una vez arriba, deleitarse en una de las vistas más espectaculares de Montenegro: La bahía de Kotor, el fiordo más septentrional de Europa.
    De vuelta en la ciudad vieja, un buen plato de 'cevachi', especialidad típica de carne sazonada, me devuelve la energía perdida en la escalada.

    En la noche, Kotor se olvida de su pasado y se abre a la modernidad con una amplia oferta de bares, terrazas y clubes en donde la juventud montenegrina consume cerveza y cócteles sin dejar de mirarse y admirarse los unos a los otros.

    Durante el fin de semana, las estrechas calles de piedra hacen reverberar los últimos éxitos de las listas nacionales con el inconfundible y a veces insufrible sonido del Turbo-folk, una mezcla de tecno y música Folclórica Serbia, hasta altas horas de la madrugada.
    La elección es sencilla: o bien elijo un hotel alejado del centro en donde poder dormir sin ruido o bien me uno a la fiesta.

    Serie un pecado viajar hasta aquí para irse a dormir, no crees?



    October 20

    El lenguaje de las piedras

    Pista de aterrizaje para ovnis?? 
     

    Samaipata es un pequeño pueblo del departamento de Santa Cruz en Bolivia. Las calles de piso de cemento alrededor de la plaza central van dando paso primero a los caminos empedrados y a las pistas de tierra después.

    Estoy a la relativamente moderada altura (Para Bolivia) de 1600 metros y el aire es frió y seco.

     

    Sólo hace falta mirar alrededor para darme cuenta de que este no es el típico pueblo de la campiña boliviana: Mochileros gringos caminan por la plaza central con su guía ‘Lonely Planet’ bajo el brazo, hippies de pantalones multicolores y pulseras de cuero beben té de coca en alguno de los pequeños cafés de la plaza mientras que otros gringos, más maduros y que han hecho de Samaipata su casa, me invitan a probar la comida vegetariana y orgánica de sus restaurantes.

     

    Los niños, que con sus mochilas a la espalda caminan en dirección a la escuelita, están tan acostumbrados a ver extranjeros excéntricos en su pueblo que apenas notan su presencia.

     

    La razón de esta afluencia de mochileros, hippies y místicos hasta este lugar se encuentra a diez kilómetros de Samaipata, en las montañas cercanas en donde en medio de un paraje idílico de frondosa vegetación se levanta ‘El fuerte’, el conjunto  arqueológico  pre-incaico más importante de las Américas.

     

    Después de una larga ascensión y casi por sorpresa, aparece esta espectacular explanada de piedra de más de 100 metros de longitud cubierta de dibujos geométricos, jeroglíficos indescifrables, canales, pozos, nichos y esculturas zoomórficas.

     Una vez asimilado el efecto de esta aparición, me llama la atención la paz del lugar sin apenas visitantes y afortunadamente sin ningún puesto de souvenires ni refrescos a la vista.

     

    Desde el observatorio, bajo a la plataforma y camino entre las esculturas horadadas en la roca. Durante años científicos e historiadores han elaborado exhaustivos estudios tratando de descifrar las pistas grabadas en la piedra y especulando sobre las funciones de este lugar.

     

     Las teorías van desde aquellas que lo identifican como un centro ceremonial, hasta las que aseguran que era un lugar de trabajo en donde se lavaba el oro (De ahí la existencia de canales y pozos) pasando por la teoría favorita de muchos de los amantes del mundo paranormal que me encontré en el pueblo, que aseguran que esta explanada era una pista de aterrizaje y despegue utilizada por las naves extraterrestres.

     

    Teorías aparte, es innegable la energía que transmite este lugar. Alentados por la calma, me vinieron a la cabeza recuerdos de un atardecer que pase en las ruinas de Uxmal, en el Yucatán justo antes de que cerraran al público, cuando casi todos los visitantes se habían ido.

     

    Durante un buen rato permanecí sentado en una de estas fascinantes construcciones Mayas  pensando en mundos que dejaron de existir hace cientos de años y en las memorias conservadas aún en estas piedras.

    Solo el vigilante con un muy real “Haga el favor de salir, tenemos que cerrar!” consiguió sacarme de mi momento de meditación.

     

    Por un momento y mientras disfrutaba de la soledad en la inmensidad de superficie rocosa de ‘El fuerte, sentí que estas piedras me hablaban en aquel mismo lenguaje.

       
       
    Ajeno a los turistas'El Fuerte' visto desde el observatorioEsculturas en la rocaLa llegada de los gringosNiños de Samaipata
    October 13

    Diseño sueco

     

    Antes de que el otoño se nos escurra por los dedos y el invierno se instale con toda su crudeza y el país sea envuelto en una semi oscuridad durante meses, me escapo a Suecia buscando en su capital Estocolmo la magia de una ciudad de cuento que con su luz tenue y su aire fresco dilata los pulmones y alimenta la imaginación.

    Situada sobre 14 islas en el lugar en donde el lago Malaren se abre al mar Báltico, Estocolmo es una verdadera ciudad con vistas. Desde cualquier punto de donde se mire es espectacular con la naturaleza y la arquitectura compitiendo por nuestra atención.

    Tan limpio como el aire son las calles en esta ciudad en donde parece no haber espacio para la basura en los rincones, los espacios públicos desatendidos, las paredes cubiertas de graffiti, los mendigos durmiendo en las aceras. En esta nación la obsesión por el orden y el diseño de líneas diáfanas hace de los espacios públicos verdaderos catálogos de Ikea.

    Gente bella se pasea por las calles empedradas entre edificios puntiagudos perfectamente restaurados a menudo cargadas con bolsas de diseñadores rumbo a alguno de los bares de moda o cafeterías donde sentados en confortables sillones en las terrazas calentadas por estufas ven pasar a otra gente tan rubia, de ojos tan azules, tan moderna y tan bella como ellas mismas mientras se toman un chocolate caliente con crema.

    Ni tan bello ni tan rubio me siento también a observar y el atento camarero me ofrece un edredón de plumas para que me lo ponga sobre las piernas a donde el calor de la estufa no alcanza. Mas efectivo que el edredón para subir la temperatura corporal es la cuenta. Incluso para alguien como yo que vive en Londres una de las ciudades mas caras del mundo, los precios son sorprendentes.

    Grupos de adolescentes como salidos de revistas de moda se preparan para recibir la noche en alguno de los locales con djs de Londres o Nueva York. Madres modernas pasean a sus hijos en bicicleta por el carril dedicado a estos vehículos que atraviesa toda la ciudad. Intelectuales con gafas de pasta oscura charlan con artistas jóvenes en la cafetería del museo de arte moderno.

    Abrumado por tanta perfección busco refugio en un bar español con la esperanza de encontrar alivio en el desorden.

    Tan pronto como veo que hasta las tapas de jamón son de diseño, se que no hay escapatoria.

    October 05

    San sebastián de cine

     
     

    No hace falta excusas para visitar San Sebastián en el País Vasco; sus playas, arquitectura, su comida son suficientes razones para no perderse esta joya en el norte de España.

     

    Sin embargo cada año, a finales de septiembre, la ciudad desempolva la alfombra roja,  enciende los focos y se viste de gala por diez días durante su flamante festival de cine.

    Hoy en día los festivales de cine son como los hongos y parecen crecer en cualquier parte y con la misma velocidad.

     

    No hay capital que se precie que no tenga su festival pero como en todo, aun hay clases. Y el festival de Donosti (como se conoce San Sebastián por su nombre en vasco) es definitivamente de clase alta o mejor dicho de clase ‘A’, que es la categoría otorgada a aquellos festivales competitivos que presentan películas inéditas a concurso. En Europa, solo Cannes, Berlín y Venecia comparten este honor junto con San Sebastián.

     

    Aclarado la teoría, me lanzo a la práctica para explicar las razones por las que cada año hago un hueco en mi calendario en septiembre para alternar la butaca del cine,  a una media de dos o tres películas diarias, con las zambullidas en el mar cantábrico bien en compañía de surferos en la playa de Gros o codeándome con la gente fresa en la playa de la Concha.

    Por cierto, esta playa da nombre a los galardones del festival y nunca deja de despertar una sonrisa entre el numeroso contingente de cineastas argentinos cuando la actriz ganadora recibe la sugestiva distinción de ‘concha de plata’.

     

    Bromas del Cono sur aparte, lo mejor de San Sebastián durante el festival de cine es que si bien la ciudad lo recibe con los brazos abiertos, no se entrega y sigue manteniendo su ritmo sosegado, sin alterarse, como si el festival fuera un amante maravilloso que la hace feliz por unos días pero siendo consciente de que su presencia no le es indispensable para sentirse atractiva cuando se aleja.

     

    Así, en este entorno tranquilo, Woddy Allen pasea con su familia, Richard Gere se toma unas cervezas acompañadas con los pintxos (Así se llaman a las tapas en el norte de España) más exquisitos del mundo, Charlize Theron se deja seducir por la cocina vasca en alguno de los muchos restaurantes de lujo, o Willem Dafoe se pierde hasta altas horas de la madrugada en las discotecas con vistas a la playa.

     

    Acostumbrados a las cámaras incesantes de los paparazzi, y al asalto de los caza- autógrafos en otros festivales, aquí tienen esa rara oportunidad de ser normales y perderse entre la gente y a cambio nos da la oportunidad a nosotros de observar e incluso intercambiar unas palabras con ese director que admiramos o ver de cerca ese actor o actriz con la que sonamos.

     

    Por eso cada ano regreso con la vana esperanza de que la rubia que pide fuego en un bar con un seductor movimiento de  su mano sea Cameron Díaz…y yo sea el tipo sentado al lado suyo con un mechero.